Marissita, qué bueno que llegaste. Fueron las primeras palabras con las que la Cuca Mendizábal saludó a su amiga del alma Marissita Torreón y García, estrenada ex de Rivadeneira. La Cuca y Marissita se conocían desde hace años, y casi ininterrumpidamente se encontraban sábado a sábado para disfrutar de tratamientos, tintes, faciales, scrubs, mani-pedis y comidillas de pasillo, que eran siempre mejor saboreadas debajo de alguna capa de crema de algas, o durante un relajante masaje turco, egipcio o iraní – la vedad, la nacionalidad era lo de menos.
Pero esta mañana, las cosas eran distintas. La comidilla de pasillo no era otra que la propia Marissita. Todavía el who is whode la sociedad no salía de su asombro por el inesperado y relampagueante divorcio de los Rivadeneira. Claro que nadie estaba tan sorprendido como la propia Marissita, quien pasó de ser la envidiada esposa del millonario (y, más importante aún, poderoso) Alfonso Rivadeneira, a ser la ex engañada y abandonada por (como era de esperarse) una versión renovada, más joven y flaca de ella misma, Viviana Montesinos.
¡Ay!, Mari, lo de anoche fue imperdonable. Mira, ahí estábamos los del grupo, tú sabes, los de siempre, Made y Foncho, esos amigos de ellos, los Méndez, Raquelita y Pecheto, Fifi y Panqui, y nosotros. Justo estábamos hablando de la falta que nos hacían tú y el imbécil de tu marido (bueno, ex marido) cuando se abre la puerta y, qué crees, pues sí, el imbécil de tu marido (bueno ex marido), que llega con esa. Mira, casi me da algo. Nosotras nos miramos sin saber qué hacer, la esposa de este Méndez, tú sabes, medio “air head”, que nunca entiende lo que pasa.
Y es que desde la separación de los Rivadeneira, el tema social se había tornado difícil. La lealtad de las “señoras” descansaba con la “ex”, pero a nadie en este país se le ocurriría hacerle un desaire al nuevo amor de Don Alfonso, si es que a ese alguien le interesaba seguir siendo parte del “petit comité” de negocios del que participaba el Don. Y que conste que decir “petit” era simplemente por llamarlo de algún modo, porque el señor en cuestión parecía estar conectado con cada negocio, negociado, concurso, licitación, concesión y nombramiento que se hacía en el país.
Mira, y se sentó como si nada. “Ya conocen a Viviana, ¿no es así?”, fue su única introducción. Y yo que le hubiera tirado la canasta de pan a la cabeza, pero ya te imaginarás a Johnny pellizcándome debajo de la mesa para que me controlara. Tú sabes, Marissita, que están por adjudicar el proyecto de la playa, y a Johnny le da un “heart attack” si por mi culpa Alfonso lo saca de la jugada. Así que no me quedó de otra que tragarme mi rabia y quedarme calladita. Pero te voy a decir algo, una cosa es aguantarme y otra fraternizar con el enemigo: ten cuidado con Fifi, que poco le faltó para limpiarle la boquita rojo puta con su propia servilleta. ¡Ay!,sorry, niña, pero es que se me sube, se me sube.
Habían pasado escasos seis meses desde la finalización del divorcio, aparentemente tiempo de duelo suficiente, según los estándares de don Alfonso, quien desde entonces se hacía acompañar de Viviana a todas partes, enviando un claro mensaje a la crema, y sobre todo a la nata, acerca de la importancia de la nueva futura señora. Su influencia le había conseguido a la recién llegada una invitación a la subasta de las Damas del Rosario Purificado, y no a otra que a la mesa de Minina Fuentes, eso era casi como una bendición papal en el mundo de las causas caritativas. Se la vio en la sección de sociales del Círculo Gourmet y del Club Botánico, y había un rumor muy fuerte que apuntaba a Viviana como próxima presidenta del Bazar de Navidad.
Mira y te digo algo, de que es joven, es joven, eso no lo podemos negar, pero cero roce. No me explico qué le ve Alfonso, no sé, tan corrientita, tan nobody, en cambio, tú, Marissita, tan regia, tan señora, una mujer de tu casa, de tus hijos, viviendo siempre para y por el imbécil de tu marido (bueno, ex marido). Mira, la verdad es que no veía el momento de irme. Nos quedamos lo necesario, aperitivo, cena, postre, un licorcito de despedida y se acabó, tú sabes, ni un minuto más. Que Alfonso entienda que una cosa es la tolerancia y otra, muy distinta, el apadrinamiento.
No era una cuestión de dinero, el acuerdo de divorcio le garantizaba a doña Marissita una vida cómoda, holgada, sin mayores preocupaciones. Era una cuestión de estatus. No era la primera ni la última a la que le pasaba. Ahora recordaba a Aura Estela Estivaliz, ex de Figueres, socia de cuanto club y asociación de beneficencia había en la ciudad, invitada de rigor de cualquier inauguración, tarde de té y bingo que se respetara. Hasta aquella fatídica Tarde de Sombreros, cuando se enfrentaron en el salón principal del club el discreto, pero elegante, pillboxnegro y cinta de organza color marfil de la reina saliente con la espectacular pamela turquesa de plumas de pavo real azul y verde de la nueva titular. El ave la destruyó. Desde aquel plumífero triunfo, poco se veía a la querida Aurita, y era su reemplazo quien ahora ejercía de patrona de las damas de la caridad y asuntos afines. Y es que en el balance de pesos y contrapesos, las amistades de doble beso en la mejilla y tardes de canasta siempre saben hacia dónde inclinarse. Y las ex nunca fueron una buena apuesta.
Pero tú no dejes que nada de esto te deprima, mi amor, yo no creo que este capricho le vaya a durar a Alfonso, esa wanna beno es mujer para él. No me extrañaría que en un par de meses lo tengas de vuelta arrepentido. ¡Ayyy!, este masaje estuvo divino, estoy renovada. Bueno, mi reina, me voy. Sorryque no pueda almorzar contigo hoy, pero tengo que recoger el vestido para la boda de la hija más chiquita de los Vinci, te invitaron, ¿no?, y llevar a Freckles a la peluquería, y on topde eso, Johnny me tiene loca con lo del cocktailpor el aniversario de la oficina. Mua, mua, mi amor, te llamo en la semana, cero estrés, tú sabes.
La Cuca Mendizábal caminó hacia la puerta totalmente relajada, con su Birkin Bag en una mano y las llaves del Audi en la otra. Lamentó profundamente la situación de Marissita, y suspiró aliviada de tener ella más dinero que Johnny, esas cosas siempre garantizaban uniones felices y duraderas. Se sentó al volante y sacó su celular para hacer una llamada antes de arrancar.
Vivi, mi amor, ¿qué tal?, es Cuca. Oye, bella, para confirmar, lunch a la 1:00, ¿cierto? ¿Nos vemos en el club, o te paso a recoger?