El protagonismo que siempre tuvo en la NBA la División del Atlántico con los equipos históricos de los Celtics de Boston, Sixers de Filadelfia y Knicks de Nueva York se ha transformado en el centro de la frustración y el mal juego.
Sólo los Nets de Nueva Jersey, los actuales campeones de la Conferencia Este, tienen marca ganadora con 21-20 para ser los líderes, pero han perdido cinco partidos consecutivos y su jugador estrella, Jason Kidd, vive su peor etapa desde que llegó al equipo traspasado hace tres temporadas por los Suns de Phoenix.
La marca de cinco derrotas es la peor desde la temporada del 2000-01 cuando tuvieron seis y todo parece indicar que el equipo ha perdido la confianza en su juego y en la motivación que les ofrece el entrenador Byron Scott.
Más dramática es la situación para los Celtics de Boston, que bajo la dirección del nuevo presidente de operaciones y gerente general, Danny Ainge, ha visto como los cambios que intentó hacer con el traspaso de Antoine Walker a los Mavericks de Dallas no han resultado de la manera que esperaba.
En parte porque la gran confianza que había puesto en el alero Vin Baker, recuperado de los problemas de alcoholismo que sufrió la pasada temporada, se le vino abajo después de 33 partidos y el jugador volvió a ser suspendido indefinidamente por no haber cumplido con el programa de rehabilitación.
Baker, que ya había sido suspendido por tres partidos el pasado 7 de enero, ahora nadie sabe dentro de la organización cuando el jugador volverá a recuperar en control sobre su persona.
Wyc Grousbeck, directivo de los Celtics, dijo que sentían el haber conocido que Baker no había cumplido con el programa de rehabilitación.
Pero la realidad deportiva para el entrenador Jim O"Brien es que sin Baker el equipo no tendrá al hombre con el que pensaba apoyar en el ataque el trabajo de la estrella Paul Pierce y su marca perdedora de 22-23 refleja esa ausencia.
Baker comenzó la temporada de forma brillante al salir como titular en los 33 primeros partidos, pero fue de más a menos .