Los panameños vivimos un fútbol inmediatista: los clubes buscan marcadores, las federaciones llaman "proceso" al entrenamiento del ciclo competitivo, los agentes buscan firmar lo que salte a la cancha, las empresas patrocinan buscando notoriedad, otras colocan emotivamente sus recursos en proyectos sociales puntuales, el Estado se limita a la función institucional; el público quiere asistir mañana al mejor espectáculo del mundo, con jugadores excepcionales, al más bajo costo posible y los medios de comunicación, salvo algunas excepciones, cubren y nos presentan lo que hay en la cancha.
Muy pocos invierten en proyectos formales que busquen adecuar y desarrollar otras opciones para mejorar los procesos formativos como alternativa eficaz de crecimiento sostenible del fútbol.
Las ayudas a proyectos de investigación y desarrollo futbolístico no aparecen en los presupuestos de patrocinio, y lastimosamente éstos tampoco son atractivos para quienes pudieran ayudar a romper el círculo vicioso de fracasos de nuestro fútbol.
En el año 2006 A.D., San Antonio F.C., un antiguo Club de Fútbol penonomeño que ha evolucionado a ONGD, hizo un diagnóstico de campo de los niños pobres, rurales y urbanos que jugaban al fútbol y los que asistían a sus escuelas de fútbol.
Sobre la base de sus hallazgos hizo una reingeniería integral de su fútbol y sus escuelas, además formuló el Proyecto de Escuelas Comunitarias de Formación Integral de Fútbol para atender las necesidades detectadas; cada Centro de Formación Integral consta de Escuela de Fútbol Periférica, Escuela Itinerante de Padres y una Escuela Técnica Comunitaria.