Sentado en una esquina del camerino de los Mets de Nueva York, Andrés Galarraga bromea con un grupo de jóvenes jugadores dominicanos, todos atentos a cada una de sus palabras.
Galarraga confía que ese entusiasmo y su veteranía le ganen un puesto en el banco de los Mets, su octavo equipo en 20 temporadas en las Grandes Ligas, en su intento por conectar el jonrón número 400 de su carrera.