Deportes

Ganan perdedores y pierden ganadores


Acertadamente algún teórico de la comunicación, cuya identidad se nos escamoteó de la memoria, dijo que quien maneja información, maneja poder.
Esta sentencia no está muy lejos de la realidad hípica, especialmente cuando a los detalles de las carreras y las apuestas respecta.
Sin ánimo de vanagloriarnos cada reunión hípica hacemos nuestro mejor esfuerzo por ofrecer a los apostadores la informaci•ón más completa posible, al igual que lo hacen otros medios. Pero, a veces nos frustramos cuando nos percatamos que informaciones, como cambios de jinetes, pesos, cuadras, entrenadores y propietarios no son anunciados con el tiempo debido y, muchos menos, llegan a los medios para su difusión con la debida anticipación.
Para muestra un botón: en la quinta carrera del viernes 5 de febrero muchos hípicos se dieron cuenta de que Abdiel Jaén montó a la yegua "Isabelabela" cuando éste volvía al recinto de los ganadores pagando nada más que 31.80 balboas por boleto de dos.
Interrogamos a varias personas relacionadas con este tipo de información y todos coincidieron en señalar que se había hecho el cambio dentro de los términos que exige el reglamento.
El punto es que este tipo de anomalías no son la excepción, sino la regla. Hemos visto a muchos caballos que cambiaron de Stud (dueño y entrenador) corriendo con los colores antiguos, o en el peor de los casos, con camisas que no son las registradas en el Programa Oficial, con lo que se confunde a los apostadores.
Ese mismo viernes 5 de febrero la llamada tanda nocturna estuvo más oscura que nunca. En nuestro poder tenemos un boleto ganador, pero que su vez es perdedor.
Un apostador adquirió, a las 9:40:41 P.M en el Estacionamiento Familiar, el boleto numerado 000721 que era válido para la quinta carrera del hipódromo de Sam Houston. La apuesta fue la quiniela 7-12.
Cuando los caballos cruzaron el disco de las sentencias el 7 resultó ganador con dividendo de B/.14.80. Los ejemplares que corrieron con los mandiles 1 y 5 empataron por el segundo lugar.
Cuando se dio el resultado oficial ocurrió lo inaudito. No hubo quiniela que combinara el 7 con ninguno de los dos caballos que empataron por el segundo lugar y se pagó la quiniela 1-5 (B/.86.60). Es decir, que los muchos o pocos que acertaron al caballo que ganó - que por cierto es muy difícil en Sam Houston- no cobraron por ganar, pero sí se pagó a los que perdieron.
Se anunció mediante el circuito cerrado de TV, que esa fue la orden que dio el sistema de cómputo, en función de la manera como fue programado. O sea que en el hipódromo de Panamá ganan los que pierden y pierden los pagan.
Ojalá que, él o los responsables de esta aberración, nunca lleguen a un puesto directivo del béisbol, porque seguramente establecerán que cuando el jugador-bateador haga contacto con la pelota deberá correr hacia la tercera base y no hacia la primera como se hace en todas partes del mundo.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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