En Panamá pareciera que todas las cosas son una vaina y todos los habitantes fueran unos locos, sobre todo cuando escuchamos a la gente joven. Esto lo digo sin ánimo de ofender, pues mi afirmación no se basa en la conducta, sino en los apelativos que nos dirigimos unos a otros. Es curioso que una palabra que en otras latitudes podría expresar un insulto aquí equivale a amigo, camarada o compañero.
Esta costumbre de atribuir insania a los colegas parece que se está desgastando por el uso. Ahora la moda no es acusarse mutuamente de demencia, sino de idiotismo y están sustituyendo el ¡ey, loco! por el no menos cariñoso ¡ey, agüevao! No sé cuál de los dos adjetivos se ajustará más a la mentalidad de los usuarios.