Millares de personas en esta capital, agobiadas por un fortísimo calor, seguían ayer sin luz ni agua por un corte de energía ocurrido el pasado lunes.
Disgustados por las incumplidas promesas de la empresa de electricidad Edesur de que solucionaría el problema, cientos de usuarios reanudaron desde temprano sus manifestaciones de protesta en distintos barrios de la ciudad.
La principal concentración se realizó frente a las oficinas céntricas de Edesur, en su mayor parte de capitales chilenos y custodiada por decenas de policías que escuchaban impávidos como los manifestantes coreaban a voz en cuello: "Queremos luz, queremos la luz".
En otros puntos de la ciudad, usuarios protestaron golpeando cacerolas y encendiendo neumáticos, avivando el fuego con maderas y diarios. El tránsito en varias de las principales avenidas quedó obstruido.
El apagón, que afecta a unas 300.000 personas en medio de un calor de 35 grados centígrados, se inició el domingo con un incendio en una estación generadora de Edesur.
El gobierno emplazó a Edesur ayer a que restituyera el servicio a partir de las cero hora de ayer, bajo amenaza de severas sanciones que podrían llegar a la rescisión del contrato, que data de 1992. Pero el apagón persistía.
Según la ley, las penas consisten en multas de monto a determinar, que pueden llevar a la cancelación del contrato si el monto supera el 20 por ciento de lo facturado por la empresa el año anterior.
La empresa que no ha podido resolver el problema y no puede precisar cuándo podrá hacerlo.
Los diarios le dedicaron ayer todas sus primeras planas al problema, con titulares tales como "Semana negra", "Verano caliente", "A Edesur se le viene la noche" y "Otro día de furia".
El hecho de no haber energía eléctrica impide el suministro de agua en los edificios, ya que las generadoras encargados de hacer fluir el líquido no funcionan.Bomberos repartieron entre ayer y hoy agua en forma gratuita entre los afectados.
Entre tanto, en la ciudad María Urquiza, la electricidad es libertad. Sin ella no puede desplazarse en su silla de ruedas ni recibir a sus alumnos.La pintora y profesora de arte figura entre los 300.000 residentes de la capital argentina que padecen un corte de electricidad durante los días más tórridos del verano austral.
Mientras la temperatura supera los 34 grados, muchos hierven de rabia debido al apagón, que ha hundido en la oscuridad a numerosos barrios del centro y sur de la ciudad.
"Tuve que reducir mis movimientos porque no puedo recargar las baterías de mi silla", dijo Urquiza. "Sin luz no puedo pintar ni dar clases, que son mi fuente de ingresos".
Pero lo que más indigna, dijo, es que la empresa de electricidad le aconsejó que se mudara a la casa de amigos mientras durase el apagón.
"Pago 40 pesos (dólares) bimestrales por la electricidad", dijo. "¿Cómo van a decirme que me mude?"
El apagón ha llevado a centenares de porteños a protestar en la calle, golpeando cacerolas y prendiendo fuego a neumáticos en las intersecciones más transitadas.
La dueña de una pescadería dijo que perdió tres camiones llenos de mercaderías, por valor de unos 30.000 dólares. Los dueños de numerosos restaurantes se quejaron de sufrir cuantiosas pérdidas.
Hubo casos de ancianos que quedaron aislados en apartamentos de pisos altos, debido a la suspensión del servicio de ascensores, y dependían de sus vecinos más jóvenes para abastecerse de alimentos y agua.
Hasta el ejército tuvo que salir a distribuir agua cuando fallaron las bombas.
El problema comenzó el domingo pasado: un misterioso incendio anuló una central de la empresa privada Edesur.
La empresa dijo que restablecería el servicio el miércoles. Después el jueves... y después el viernes. Las declaraciones más recientes de Edesur afirman que la electricidad podría volver.
Algunos han amenazado con hacerle juicio a la compañía.
Y aunque los apagones son menos frecuentes que hace unos años, al aumentar las tarifas y fallar el servicio muchos se preguntan si la privatización de la electricidad en 1992 valió la pena.
Cristina Lúquez administra un refugio para 300 personas sin techo cerca del centro de Buenos Aires, financiado con las ganancias de un negocio de comidas.
"Tuve que cerrar el negocio porque se pudrió la comida", dijo Lúquez mientras se tomaba un respiro del "cacerolazo" que realizaba con decenas de vecinos en una esquina. "Y tuve que enviar a la gente a la calle porque los bomberos dicen que las velas son peligrosas en el refugio".
Según Lúquez, "el pueblo no participó en la privatización. El gobierno dijo que todo iba a serejor, pero el servicio es muy caro para lo que nos dan".
Edesur, que provee electricidad al sur y centro de la capital es operada por un consorcio que integran las chilenas Enersis y Chilectra Metropolitana, la norteamericana Energy Corp. y la argentina Pérez Companc.
La empresa se limitó decir en un comunicado que mantendría informados a los usuarios.
El vicepresidente Carlos Ruckauf pidió que el gobierno anulara la concesión.
"Edesur ha demostrado que no está en condiciones de prestar un servicio público esencial. Hablamos de agua además de electricidad", dijo Ruckauf al canal de noticias Crónica.
Fedecámaras, una organización de pequeños comerciales, dijo que sus afiliados perdieron 750 millones de dólares en mercaderías arruinadas y lucro cesante.
Rubén Manusovich, presidente de Fedecámaras, dijo en conferencia de prensa que la organización hará juicio a Edesur por daños.
En tanto, la agencia reguladora oficial ENRE intimó a Edesur a restablecer el servicio bajo pena de aplicarle las medidas establecidas en el contrato de concesión, aunque sin aclarar cuáles eran.
Según el contrato, Edesur debe deducir 15 pesos de la cuenta de cada cliente afectado.
Un analista del sector energético, Carlos de León del Deutsche Morgan Grenfell, dijo a