De verdad que Guararé tiene su encanto y en parte, ello ha sido producto de la manera como por años el panameño a oído hablar del Festival de la Mejorana, como la más grande de las fiestas del folclore.
Por un fin de semana el pueblo guarareño se convirtió en un hervidero de tradiciones donde se mezclaban lo indígena, lo negro y lo mestizo, acompañado de los acordes de una mejorana, el socavón, el violín y el acordeón, todo ello dando cuerpo a la fiesta que hace 56 años vio la luz por primera vez.
El festival, que inició formalmente el pasado jueves 22, con la coronación de su reina Massiel Montenegro, finalizó el miércoles con la tradicional "Gallota" nombre con el que se le conoce a la conclusión de cada festival y que consiste en un gran "Juego de Toros" al que asisten todos los lugareños como muestra de triunfo en la pasada festividad.
Pero hay que recalcar que el Festival, por más cimentado que parezca, también tiene sus debilidades y una de ellas es la necesidad urgente en la aplicación de la norma esencial de que todo lo que allí se presente, tenga carácter folclórico panameño, especialmente la artesanía y sobre todo la música. Y esta observación surge de la inquietud planteada por la presidenta del Patronato Dayris Durán de Falcón a El Panamá América, al destacar que se hace urgente que se reglamente la ley que da vida al festival y que sea el Patronato el que tome las decisiones sobre aspectos como la venta de artesanías y la aprobación de los artistas u otro espectáculo musical que se presente, ahora en manos del municipio guarareño.
Sin embargo, el festival sigue dando sus frutos, pues para orgullo de todos lo panameños, este año todos sus concursos estuvieron abarrotados por jóvenes de hasta 15 años, como fue el caso del ganador del concurso de tambores Gumercindo Díaz, un capitalino de 15 años, criado en Arraiján y estudiante del Colegio Pedro Pablo Sánchez de La Chorrera que demostró que en las urbes, el folclore se está poniendo de moda.
Y todo ello es ganancia para el folclore e igualmente para el panameño que está perdiendo poco a poco la creencia en sí mismo y borrando sus raíces. Pero un viaje a Guararé, la meca del folclore, de seguro bastará para que florezca en cada panameño su fe patriótica.