Apesar de que en casi todos los medios impresos, por no decir todos, en las televisoras, y en algunas instituciones existe la figura del corrector, su labor es poco conocida y muchas veces ignorada.
Gracias al interés de la Fundación Litterae se instituyó el 27 de octubre como el Día del Corrector en honor al nacimiento del humanista holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam, quien también se desempeñó como corrector en la editorial más importante de Venecia.
Hace poco conversaba con una persona que trabaja en un medio y le preguntaba por qué en nuestro país no se le daba la preponderancia que se merece ese día, a lo que ella me respondió que eso era porque la figura del corrector está oculta en cada empresa o institución en la que labora.
Y es cierto, nosotros nos encontramos "tras bastidores", es la profesión más invisible, cuando se tiene, y más visible cuando falta.
Es curioso y lamentable que al idioma se le tenga tan baja estima. Les digo esto porque esta profesión es mal remunerada (en todos los aspectos) y hay quienes consideran que no es necesaria, ¿para qué el corrector si el programa de Word trae uno automático? ¡Craso error, señores! Es cierto que el de este programa marca algunos errores, pero no olviden que hay palabras homófonas que jamás las señalará y que es posible que en ese contexto estén mal empleadas (cause-cauce, ingerencia-injerencia, losa-loza, pretensión-pretención) y qué decir del orden lógico en la redacción, la puntuación, por mencionar algunos aspectos.
Los correctores somos como cazadores, pero en lugar de atrapar animales, cazamos gazapos, y en esta interminable "cacería", nos hemos encontrado con "vacas impertinentes", con "difuntos que van a visitar a sus familiares", con que "en el accidente por fortuna nadie salió ileso", que "el representante del país x fue el menos botado", también con que " Las clases terminarón", "El jugador x lució invatible", "El calor era asficciante", "Este torneo hacido fantástico", "La joven a cantado décima, baladas, etc.", "Los conocimientos que tengo del acordeón me los enseñarón mis..." y un sinfín de errores.
Todo lo que escribimos habla de nuestra formación y la forma como lo hacemos es parte esencial de esto. Cada vez que voy en el transporte, leo algunos letreros y en realidad es evidente que no nos tomamos unos minutos para verificar la ortografía y la redacción de lo que escribimos, y es por esto que no es de extrañar ver "Prohibido votar basura", "Se vende chicheme a 0.25 del bueno"... Pero también en los "cintillos" que pasan por los canales de TV se nota este descuido, pues en ellos hay un sinnúmero de errores, e incluso en las propagandas, y en este punto recuerdo una en especial en la que se expresa "La juventud dejó de ser un mal que se quita con los años"; y qué decir de las canciones, tampoco se salvan de este mal, como por ejemplo: "Habemos hombres buenos" y "Así te darás de cuenta", entre otras.
Muchos dirán que incluso con la presencia del corrector se "cuelan" gazapos; esto es cierto, como también es cierto que en un periódico, por ejemplo, se corrige contrarreloj. Es una carrera en la que los colores verde, amarillo y rojo (como un semáforo) nos indican qué tan próximos o lejanos estamos de la hora de cierre, y cuando por algún motivo se trastoca este ritmo, estamos "hundidos" en Corrección, y no podemos dedicarle a cada nota el tiempo que nos gustaría; y como hasta al mejor cazador se le va la presa, a nosotros también, aunque por cada "presa" que se nos escapa, hemos atrapado una gran cantidad.
Ojalá este año, por lo menos se acuerden de este día y que de una vez por todas se comprenda la importancia de nuestro oficio, pero aunque esto no suceda, nosotros seguiremos siendo los guardianes del idioma -pese a todos los inconvenientes que podamos encontrar en el camino- y definitivamente seremos, dependiendo de la circunstancia, los héroes anónimos o los villanos conocidos.