Las declaraciones de Lleyton Hewitt contra Alex Corretja y sus malos recuerdos de la final de Barcelona en el 2000 han encendido la mecha días antes de que comience la revancha en la que se ha convertido la eliminatoria del fin de semana en Melbourne, y en cuya polémica, el equipo español no quiere entrar.
"Está todo dicho ya, lo respecto a él y a mí, y no hay que darle más importancia lo que ha comentado porque no es nuevo", señaló un apaciguador Corretja al referirse a los ataques de Lleyton. "Le pedí disculpas en su día y él las aceptó, y creo que lo único que nos preocupa es que estemos bien con el equipo y en mi caso con el doble", aclaró.
"No puedo entrar en más detalles porque ya hemos hablado muchas veces de esto y es darle muchas vueltas a lo mismo, y a día de hoy no vale la pena", dijo Alex, quien recordó que no cree que el público australiano reaccione negativamente contra el conjunto español.
"No sé cuál es el objetivo (de Hewitt), pero estamos concentrados para estar en la pista y sé que el público de aquí es muy educado y nunca ha habido más problemas. En cuanto a mí pienso estar aislado y no entrar en provocaciones, ni con Hewitt, ni con el público ni con nadie. Yo no he venido aquí a pelearme, sino a intentar ayudar al equipo a ganar la Copa Davis que es lo que nos interesa", señaló.
Hewitt, conocido por su temperamento salvaje en la pista, no olvida lo que él considera un insulto, y a pocas jornadas de que comience la final de la Copa Davis contra España en Melburne ha castigado al tenis español y a su público con sus peores reproches.
"Fue el peor público que he tenido enfrente", dice Hewitt en una entrevista que publica el diario Herald Sun, en la que el jugador de Adelaida culpa a Alex Corretja como el principal artífice de incitar a los aficionados hace tres años en la final disputada en el Palau Sant Jordi barcelonés.
"No hay duda, Alex y Duarte (Javier Duarte, capitán del equipo español en aquella final), encabezaron todo aquello y propiciaron que todo se desarrollase de esa manera", apunta. "Hubo muy poco respeto por este deporte y por la tradición de la Copa Davis", concluyó.