El lateral panameño Armando Gun, continúa trabajando con su club América de Cali y sólo está a la espera que el director de esta institución le de la oportunidad de mostrase.
Gun regreso a Colombia después de participar con la selección Sub-21 en la eliminatoria para los Juegos Centroamericanos contra Belice.
En los últimos días se podría estar definiendo el futuro de Gun con el América de Cali, pocas han sido las oportunidades que ha tenido el juvenil panameño en esta temporada.
HB: Tu sabes que la artesanía para mí es un arte de vivir, y yo creo que está muy mal concebida en Panamá. La artesanía en Europa uno escoge ser artesano, uno prefiere comer una comida artesanal que ir a un fast food por ejemplo. Para mi la artesanía no solamente es ropa, no solo es la cosa que vas a vender en el mercadito de Panamá Viejo. Esa no es la artesanía, es una variedad que tiene raíces. Para mi los artesanos son los que hacen hermosas cosas en vidrio, los creadores. Es que los creadores son la sal de la vida; es lo que los reyes protegían, la artesanía es un mueble bien hecho, es un tirante de puerta bien hecho, es un mueble de hierro, los artesanos que graban la tagüa son artistas. La artesanía es un arte utilitario, y yo encuentro que finalmente es lo que sobrevive; escogí seguir la artesanía, por el lado humano de los artesanos.
HB: Yo tengo el orgullo de hacer escuela, porque definitivamente eso pasa, pero cuando tú copias, el espíritu no está en la obra, y cada pedazo de tela que escojo, la escojo con mi ojo de pintora. Los muchachos que copian no tienen ese mismo sentido, no saben por qué escogen esa cosa. Pero sí, definitivamente yo creo que he influenciado muchas de las artesanías de la mola en Panamá. Estoy orgullosa. Coco Chanel decía: “que me copien significa que tengo éxito”.
HB: Mis clientes, y creo que eso es lo que estoy diciendo; los clientes de artesanías de lujo, lo son generalmente (no los estoy cultivando por su monedero o su chequera), por su cultura. Son gente que aprecian y tienen orgullo de una cosa bien hecha; creo que son los mismos que cuando van al mercado de artesanía van a ver a estas señoras de Las Tablas, van a ver las sábanas de bebé, y tienen este cariño y si se pierde esta tradición nos volvemos máquinas para comprar en un centro comercial, y finalmente ¿qué tienes? Se deshumaniza la tierra por completo; estamos engordando como pollos, vamos al súper, y yo creo que aquí cada cliente viene, no importan tanto los rasgos físicos, porque eso siempre se puede hacer; un vestido es lo que tu eres, lo que tu piensas; como tu corbata es lo que tu escogiste; es tu espíritu, tu personalidad, tu perfil, tu tarjeta de presentación.
HB: Es cierto. En arte medieval, los artesanos estaban especializados; primero no había fábrica, especialmente en el siglo de las luces, Luís XIV que hacía venir..había en Francia, después de la revolución un grupo de compañeros que viajaban de ciudad en ciudad a enseñar a los mejores artesanos cómo se hacía una silla, un vestido, estaban intercambiando los mejores artesanos. Ellos tenían en mente hacer estas cosas. Panamá es un centro maravilloso, en lugar de ir a estudiar a Europa, de vendernos los mejores artesanos; lo que nos hace falta mucho es la buena costura; en mi taller la jefa de taller es italiana, aquí todavía no hay una escuela de sastrería, de alta costura que te puedan enseñar a hilvanar un trabajo limpio; las aplicaciones no es el problema, el problema es la confección de un vestido. Yo encuentro que en los intercambios de gente que viene, hay montones que vienen a visitar a establecerse, y tienen que aportar algo. Como creo que en mi generosidad he sido un poco rey mago, trayendo mi cultura; ellos hacen y lo que hacen, es único, que no tiene parangón. Yo creo que nos conocen y nos aprecian.
Semblanzas: Tapices, vestidos, bordados, cuadros, conceptos, lo nuevo, sí, se trata de una artista. Fluida en su diálogo y en su creación, Hellen Brebartt es sin adjetivaciones innecesarias, una fuente permanente, viva, que encuentra allí, en la creatividad, la razón de la existencia. Al final, intensa y desbordante, parece decirnos ¡Qué seríamos sin crear!