Deportes

Hablando de hípica con un cualquiera


Hace una semana el pleno de la Junta de Control de Juegos, en uso de sus facultades legales, renovó la Comisión Nacional del Carreras, incluyendo al representante del público apostador, pero el nuevo ocupante del cargo no deja de pellizcarse para constatar que no está viviendo un sueño y que efectivamente el puesto es suyo.

Es tan inseguro, inmaduro y patoso que todos los días se le ve, cual boxeador acabado, tirando golpes al aire contra un rival que no existe y no que pelearía con él por pertenecer a una categoría superior.

Hay cargos que honran a las personas y hay personas que honran los cargos. El patoso no encaja en ninguna de las acepciones. Todo lo contrario. Él conoce sus limitaciones y trata de disimularlas cuestionando a medio mundo, levantando la voz y pavoneándose, cual vedette sin brillo y en desahucio, por los pasillos y oficinas del hipódromo, que es el único escenario donde puede lograr una pizca de notoriedad.

 

Agradecemos el respeto y la consideración que recibimos durante los dos años que estuvimos ejerciendo esa función, donde no hicimos más que tratar con respeto y decencia a todo aquel que se presentó allí, incluyendo a mucha gente con las que en el pasado tuvimos serias diferencias. Hubiéramos preferido terminar este episodio con una transición sosegada y sin sobresaltos, pero cuando están terciando personajes esta calaña, resulta harto difícil.

Decía el sabio Salomón, en sus versos cantando, que la nalga que quiere rejo solita lo anda buscando. Y añadimos nosotros que no hay nada más peligroso que un menesteroso con tres reales en el bolsillo y un poquito de poder. Y si es patoso, se vuelve más temerario.


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482795
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América