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Hablemos de hombres y leyes

Que el ser humano está imperfectamente construido y es perfectamente idiota está fuera de toda duda razonable. Durante siglos hemos tratado de luchar contra prejuicios, supersticiones, y


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / Antropóloga, actriz y escritora

Que el ser humano está imperfectamente construido y es perfectamente idiota está fuera de toda duda razonable. Durante siglos hemos tratado de luchar contra prejuicios, supersticiones, y falsas creencias. La Tierra es el centro del universo. La mujer no tiene cerebro. El hueso de pollo al que adoramos es el dedo meñique de San Cucufato. Pero de repente decidimos todos en comandita que somos los más listos y que nadie más que nosotros tiene la razón (nuevamente) y allí nos vamos, de un lado al otro de la balanza, como payasos tentetiesos que se columpian entre la irracionalidad y la paranoia. Últimamente les toca el turno a las mujeres y los niños. Creo que todos nos estamos pasando de la raya. Estoy de acuerdo en que durante siglos las mujeres hemos sido poco más que bestias de carga prescindibles y los niños no eran más que mano de obra barata o la perpetuación de un apellido. A ambos colectivos se nos trataba como a imbéciles (en el sentido literal del término jurídico), con la única diferencia de que si los niños lograban sobrevivir y convertirse en hombres se volvían parte del grupo poderoso... en fin, que sí, que vale. Pero es que ahora estamos todos juntos hundiéndonos en el otro extremo. Del tema de las mujeres y la discriminación positiva ya he hablado en otros momentos. Hoy quiero hablar de las injusticas cometidas contra los hombres, que las hay. Y señores, una injusticia actual no es menos injusta que las que se cometieron en el pasado, porque encima, ahora, tenemos derechos humanos. ¿No? Pues es injusto cargar las tintas contra los padres en un proceso de divorcio. ¿Por qué se supone que las madres tienen que ser buenas? Hijas de puta ha habido y sigue habiendo. Madres que maltratan psicológicamente a sus hijos, que los ponen en contra de sus padres solo porque a ellas no es fue bien en el matrimonio. Madres estúpidas que no se dan cuenta del daño que les están haciendo a sus retoños. Padres que tienen que sufrir las acusaciones falsas, las sospechas y las suspicacias judiciales. Padres separados que están siendo investigados, puestos bajo sospecha pública por que su hijo se cayó, ¡se cayó!, carajo, ¿qué tan difícil de creer es que un niño se caiga? Mis hijos, que son dos animalitos irredentos, sanos y de la piel del diablo, se han caído, se han cortado, golpeado, los hemos zurcido y grapado en numerosas ocasiones, a veces bromeo en urgencias y les digo que voy a dejar allá una muda de ropa. ¿Y entonces? Esas caídas accidentales, de niños sanos y felices, ¿se convertirían en sospecha de maltrato solo por obra y gracia de un divorcio? ¿Dónde quedó la frontera de la racionalidad? ¿Alguien ha pensado en el daño psicológico que se les hace a los niños que son así investigados y puestos bajo la lupa? ¿Alguien se ha dado cuenta de que, cuantos más recursos gastemos en pendejadas sin sentido y sin base, menos recursos quedan para hacer algo efectivo en los casos en los que hay pruebas sólidas de maltrato? Porque el que maltrata a un niño merece que le caiga todo el peso de la ley (y un par de guantazos de alguien de su tamaño), pero no deberíamos empezar a acusar y a investigar a todo zurriburri solo por si acaso.

Si seguimos actuando así somos injustos y suponemos la culpabilidad previa. Hasta donde yo sé, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Menos los hombres. En los últimos tiempos ellos son el enemigo.


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830127
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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