Otra vez toca escribir tres columnas en una para ponernos al día, tras un par de semanas de ausencia por razones ajenas a nuestra voluntad.
Velocidad
Comencemos por ponderar la excepcional participación de Tomás Gabriel en el clásico Francisco Arias Paredes y Alberto Arias Espinosa, el “Velocidad”. El pensionista del Stud Isabelita aprovechó que Tolomeo —el gran favorito— no tuvo su mejor día y él se acomodó cerca desde el momento de la partida y, cuando su jinete Jesús Barría le dio la orden, se decantó por la punta y lanzó a ganar con autoridad.
Todos sabíamos que Tomás Gabriel tenía posibilidades de ganar, pero no creo que nadie —salvo sus mentores— hubiera pensado que la carrera sería tan fácil.
Su victoria sirvió para limpiarle el rostro a la crianza nacional que, como comentamos recientemente, tiene rato de no dotar al espectáculo con un caballo que realmente imponga respeto tanto entre los nativos como ante los importados. Todavía nos queda esa sensación de ausencia, pero nos conforta que en medio de la crisis, Tomás Gabriel surgiera como luz en la penumbra.
Reivindicación
Una semana después de su catastrófica presentación en el “Velocidad”, Tolomeo volvió a la pista, esta vez sin la confianza de los apostadores. El rapidísimo hijo de Macho Uno se presentó al clásico Marcel Zúñiga —hace siete días— contra un grupo parecido al de la semana previa, exceptuando a Tomás Gabriel, y esta vez mostró su explosión de velocidad; pareció otro caballo.
Con Camilo Pitty sobre sus lomos, Tolomeo salió como un tapón de champaña desde la posición exterior de la gatera y asumió la punta para no perderla más. Llegó al disco de las sentencias “en manos” y detuvo el cronómetro oficial en 1:25.4 para los 1,400 metros.
Mediante Tolomeo se puso en evidencia aquello de que solo basta hablar de caballos de carreras para hacer el ridículo, porque en un abrir y cerrar de ojos puede variar su estado físico y sacan lo mejor de sí.
Sepulcro
Hace unas tres semanas para acá, los jinetes que están concentrados en el negocio se han dado cuenta de que conducir sus caballos por la parte interior de la pista (riel) es el equivalente a un suicidio.
Solo hay que remitirse a las grabaciones en video de las competencias para cerciorarse de que desde la quinta línea hacia abajo está la pista pesada y la mayoría de los caballos que entraron por ahí cayeron en una suerte de sepulcro. Si dudan de nuestra apreciación, pueden remitirse a las grabaciones de las carreras para confirmarlo.
La tierra derecha del hipódromo, usualmente, es ‘tierra de nadie’ y con el hecho de que no esté igual para todos, agrava la situación.
Esta situación es penosa porque por un lado es una desventaja para aquellos que por alguna nación u otra no logran salir del hoyo, además de que obliga a los jinetes —que de por sí son proclives a ello— a montar de manera desordenada, lo cual trae como consecuencia que se incrementan los cambios de línea, los reclamos y los distanciamientos cuando los comisarios no deciden hacerse de la vista gorda.
Es muy posible que la situación mejore esta semana debido a que en los últimos días han caído algunos aguaceros que quizás incidan positivamente en las condiciones de la cancha, aunque no debiéramos estar esperanzados en eso, puesto que es obligación de las autoridades hípicas que los eventos se den en igualdad de condiciones para todos.