Haití, que intentará hoy realizar elecciones bajo presiones de Estados Unidos y de las Naciones Unidas, se juega una carta esencial para restaurar un gobierno legal y una medida vital para recibir ayuda externa.
Los haitianos, asqueados con sus políticos y desanimados por un empobrecimiento que parece no tener fin, se muestran dispuestos a sufragar, pues más de la mitad de la población del país, de 8 millones de habitantes, está registrada para votar.
Sin embargo, los estallidos de violencia política, las tácticas dilatorias gubernamentales y los presuntuosos preparativos del consejo electora del Haití podrían generar problemas para los comicios legislativos y locales de hoy, los primeros que se llevan a cabo en el país desde unas muy disputadas elecciones en 1997.
Además, Estados Unidos y las Naciones Unidas, que intervinieron para restaurar la democracia en 1994 e impidieron un éxodo de balseros haitianos, temen que su experimento en Haití vaya a fracasar.
"Al salir a registrarse en grandes números, los haitianos han demostrado su compromiso con la constitucionalidad y el proceso democrático", señaló el secretario general de las Naciones Unidad (ONU), Kofi Annan, en una declaración en la que llamó a los haitianos a "eliminar la violencia y asegurar que los electores puedan ejercitar su derecho constitucional al voto sin intimidación".
Las elecciones de hoy, que fueron pospuestas al menos en cuatro ocasiones desde 1998, le dará a los haitianos la oportunidad de enderezar las cosas, y en el proceso, lograr la liberación de 500 millones de dólares de muy necesaria ayuda internacional, que se encuentra congelada hasta que esta nación caribeña sea gobernada legalmente.
Esta semana, irritados candidatos de la oposición cerraron sus oficinas electorales en la Isla de Gonave, en la Bahía de Puerto Príncipe, donde lanzaron acusaciones en el sentido de que los puestos de votación estaban dirigidos por seguidores del ex presidente Jean Bertrand Aristide.
Aristide, quien fue derrocado en 1991, fue reinstalado en el poder después de una invasión estadounidense en 1994 que sacó al régimen militar que lo destituyó, pero la ley le prohibió buscar un segundo mandato consecutivo.