El hallazgo de al menos tres osamentas el lunes, en una ex base militar que fue utilizada por la CIA en Honduras, ratifica la denuncia de desapariciones hechas desde hace 20 años por familiares y organismos de derechos humanos.
Los tres esqueletos fueron encontrados por cuatro arqueólogos y antropólogos guatemaltecos que iniciaron la búsqueda de unas 80 personas, que la Fiscalía de Derechos Humanos y familiares de desaparecidos presumen que estarían enterradas en lo que fue la base militar de El Aguacate.
La otrora instalación militar hondureña está situada a unos 225 kilómetros al oriente de Tegucigalpa, en el departamento de Olancho, fronterizo con Nicaragua. La CIA utilizó El Aguacate para abastecer a los "contras" nicaragüenses en un intento fallido de EEUU por derrocar al régimen sandinista que presidió Daniel Ortega (1979-1990).
Una de las osamentas encontradas sería la del nicaragüense Francisco Javier Guzmán, quien, según sus familiares que llegaron al sitio, se integró a la "contra" nicaragüense el 3 de abril de 1983.
Guzmán habría muerto en combate en otra región, pero los "contras" lo trajeron a El Aguacate, dijeron a la prensa sus padres, Aquileo Guzmán y Paula Dávila. La madre de Francisco Javier expresó que quince años después ha vuelto a la tumba de su hijo y que regresarán con sus restos a Nicaragua.
Los profesionales guatemaltecos que trabajan en la búsqueda de restos de desaparecidos que estarían en El Aguacate son Ronaldo Acevedo, José Bolaños, Shirley Carola Chacón y Walter Hernández. Los sitios de búsqueda han sido identificados como "El cementerio", "El hospital" y "El piricuaco" (vocablo con el que los "contras" identificaban a los soldados sandinistas).