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Hay males que son necesarios


Existe una opinión casi unánime en el sentido de que la presentación de siete días de apuestas en un país como el nuestro, en el que la población total no alcanza los 3 millones y donde la situación económica imperante no permite a los clientes habituales del hipódromo y, mucho menos a los potenciales, distraer más de lo normal en las apuestas, no es lo más recomendable.
Pero, aunque en las altas esferas administrativas del hipódromo existe plena conciencia sobre el particular, prevalecen razones técnicas, financieras y prácticas que obligan a mantener los siete días de apuestas.
Fuentes administrativas explicaron esta semana que las programaciones de lunes y martes (simulcasting) tienen ingresos garantizados de poco más o menos 40 mil balboas por semana (unos 20 mil por día), los cuales representan más de 160 mil balboas mensuales y exceden el millón y medio de balboas al año.
Un seguimiento de las apuestas del simulcasting, constata que las mejores horas para las apuestas se circunscriben al periodo enmarcado entre las 5:00 y las 8:30 de la noche, más o menos. Entre el mediodía y antes de las 5:00 p. m. el promedio de las apuestas por carrera no es muy elevado, y después de las 8:30 de la noche, también es perceptible un descenso en la curva del rendimiento de las apuestas.
Lo anterior quiere decir que, si se optara por eliminar los dos días o uno de los dos, y se presentaran los miércoles y los viernes, 30 carreras en lugar de las 18 ó 20 que se programación semanalmente, aun cuando se comenzara más temprano en el día o se extendiera hasta más tarde en la noche, no compensaría la eliminación de las programaciones de lunes y martes, en términos de ingresos.
Ante esta explicación debemos despojarnos del cualquier sentimiento filantrópico o moralista y ponernos la toga de administradores. De administradores y negociantes porque la hípica es eso, un negocio, en el que el objetivo de quienes lo administran es captar la mayor cantidad de ingresos posibles. Pedirles que actúen de manera diferente sería una irreverencia.
Supimos que desde el punto de vista administrativo la presentación de los siete días de apuestas, no representa ningún excedente en los gastos de operaciones, debido a que los lunes y los martes el personal se emplea al 50% y se aprovecha para que éstos tomen su día de descanso correspondiente, tomando en consideración que el movimiento es menos intenso que en los otros días de la semana.
Con esta explicación, al menos los dueños de caballos y todos cuantos dependen directamente del volumen de las apuestas, deben renunciar a cualquier intención de presionar para propiciar la eliminación de alguno de los siete días de apuestas, a menos que se quieran crucificar ellos mismos.
Hay males que son necesarios....!


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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