Como siempre, me gusta ver desde la barrera o como dice el veterano y destacado periodista argentino, Enrique Macaya Márquez, desde la óptica de los "que saben hacer la cola".
En estos días de fiesta deportiva, son numerosos los desfiles de ceremonias y reconocimientos que se hacen a nuestros atletas más destacados, pero me queda una pregunta: ¿cómo canalizamos esta alegría nacional en beneficio el deporte y de nuestro país?
En 1998, estudios realizados en Francia luego del Mundial de fútbol, revelaron que la organización y posterior consagración de la selección francesa en la máxima cita del balompié, motivó tanto al país, que los niveles de producción de los trabajadores se incrementó, y qué decir de convertir a ídolos como Zinedine Zidane en modelos de liderazgo y coraje.
Ahora me surge otra interrogante: ¿Podemos darle una inyección de ánimo a nuestro deporte y al ciudadano común con estas victorias?
Estando en una esquina del Salón Amarillo del Palacio de Las Garzas, me alegró ver promesas futuras como Jhamal Bowen, y de cómo se intenta motivarlo a conseguir cosas grandes.
Sin embargo, nuestro estilo de hacer las cosas, muy de fiestas y de poco análisis y planificación, nos impide ver que debemos convertir a nuestras figuras en modelos de inspiración nacional y no en el simple personaje que sirve para figurar y ganar simpatías.
El triunfo de Saladino y de otros deportistas, la mayoría salidos de extractos humildes, debe ser ejemplo nacional y no simples artículos fotográficos.