Con la ceremonia de gala, realizada el viernes, cerró la Semana del Miró. Esta vez, el más emblemático de los concursos literarios del país estuvo enmarcado en un escenario extraordinario como lo fue el VI Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) que se realizó aquí.
Un día antes de que los jurados dieran a conocer a los ganadores, el país tuvo la oportunidad de escuchar en la inauguración del CILE las intervenciones del Premio Nobel Mario Vargas Llosa; del Premio Alfaguara Sergio Ramírez y del escritor y académico panameño Juan David Morgan.
Todos se pronunciaron sobre la lengua. Uno en un contexto histórico, otro se explayó en el plano socio-geográfico y también hubo quien destacó los aportes que localmente ha hecho Panamá a la lengua y a los textos que avalan las 22 academias que a través del mundo se dedican al cuido y difusión del español.
Después de los mensajes optimistas sobre el futuro de la lengua que ofrecieron estos oradores, al día siguiente escuchamos recriminaciones de los jurados del Ricardo Miró sobre la calidad de las obras sometidas a su escrutinio, especialmente en cuanto a la ortografía, que es pieza angular para que el lenguaje cumpla su cometido de comunicar con eficiencia lo que se pretende decir.
Antes de anunciar al ganador de una de las categorías, uno de los voceros del jurado recomendó que se extremaran los filtros de las obras con el propósito de “alcanzar la excelencia”.
Enfatizó sobre las faltas ortográficas e incluso hubo una categoría en la que quedó en el ambiente la sensación de que hubiera sido mejor y más aleccionador que se declarase desierta en vez de otorgar un premio aderezado con tantas críticas.
El momento parece bueno para realizar algunas revisiones y evitar que el prestigio ganado por el Premio Ricardo Miró se desmorone. Bien hace el Estado en promover y mantenerlo, pero también debe mediar un compromiso de excelencia de parte de los concursantes, quienes deben ser conscientes de que no se pueden presentar trabajos buenos si no están bien pensados y se hacen de un día para otro.
El concurso merece respeto; el premio que se otorga es bastante elevado y la inversión que se realiza es importante, por lo que lo menos que esperamos es que se tomen el tiempo y el cuidado de presentar los trabajos lo más limpios posible.