La eliminación de Irving Saladino ayer, en las clasificaciones del salto de longitud en los Juegos Olímpicos de Londres, fue un golpe anímico para los panameños que esperaban que el campeón olímpico diera pelea y regresara con la medalla.
Pero no fue así. Saladino salió más rápido de lo que se creía en la prueba, aunque se espera que se levante para seguir triunfando.
El colonense debe levantarse mañana, hacerse una evaluación y preguntarse ¿debo seguir o no en estas lides como deportista de alto nivel?
Hay que recordar que Irving es un ser humano y como todos los seres cae, pero la obligación está en levantarse, curarse y seguir.
Saladino ya está ubicado en la historia del deporte panameño, no necesita demostrarnos más nada; solo con ser el único medallista dorado nacido en Panamá logra quedar en la memoria de muchos panameños que gozaron esa madrugada del 18 de agosto con los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Ahora el panameño tendrá que pensar en su futuro y tomar la decisión apropiada. Decisión que no les perjudique a él y su familia.
Londres puede ser el final de Saladino, o el renacer de una leyenda en el deporte nacional y mundial. Cual sea la decisión se respetará, porque en sus manos está su futuro.