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Hechizo de letras

El intenso deseo de su sopor se cumplió, los 40 mil millones de dólares, colectados por los chinos para su canal, pasaron sin visa.


Ernesto Endara (Escritor) / Escritor

“A short story is a story which is short” ¿Quién diablos diría esto?

Ricardo Rogelio Miró Sinán, bisnieto de magos y poetas, cocinó en una olla llena de le­che de palma, jarabe Palatol y zumo de cañafístula las hojas pacientemente arrancadas de tres libros (uno sobre la malvada y exagerada vida de Rumplestilt; otro de Stephen Hawking sobre el tiempo, y el tercero, el tomo número diez de las aventuras del gaucho Inodoro Pereyra y su perro M endieta, de Fontanar rosa). Mientras hervía el extraño menjurje de ciencia, humor y fantasía, revolvió con des­treza cuidando que no se pegaran las hojas en el fondo. Cuando su cocinado adquirió un delicado color crema, exhalando vapores de grosella madura, estuvo a su gusto. Apagó el fuego y dejó que se enfriara el misterioso guachito de papel. Sirvió en una taza media porción del licuado de letras y, con los ojos cerrados, la pasó varias veces ante sus narices para sentir el aroma (se le antojó que así debía oler el eructo de un mandril lactante). Luego murmuró frases mágicas, llevó la taza a los labios y bebió de un largo sorbo su contenido.

Era un hechizo planeado con algo de inquina.

Al tragarse la poción, cayó en trance. Y sucedió lo inexplicable: el intenso deseo de su sopor se cumplió: los 40 mil millones de dólares (en billetes de uno), colectados por los chinos para su canal, pasaron sin visa a Panamá. Fue un acto que de­safió a la gravedad, a la policía y al tiempo. Panamá pagaría sus deudas. Como no había ordenado dónde depositarlo (las bóvedas del Banco Nacional eran muy pequeñas), los dólares se estibaron por su cuenta en una esclusa de Miraflores, llenándola hasta la mitad. El mundo se estremeció.

Asombrados por el prodigio, pero al mismo tiempo acuciados por el deseo de meterle mano al bille, Colombia convocó a sus mejores cabezas (todas liberales) para que bucearan entre las leyes la mejor forma de reiniciar su demanda del territorio panameño. Por su lado, Estados Unidos prepararía una invasión es­pecializada, sin bombas, sólo con visas volantes, porque los dólares chinos obstruían la vía acuática. Antes de que estas imperialistas maquinaciones nos afectaran, Ricardo Rogelio disolvió el hechizo al provocarse un vómito que le salió de la boca en forma de página. Me la mandó y así pude leer esta historia. Y ahora ustedes también.


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886199
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América