[B]Dedicada a “Iconoclasta” y a Pedrito el marino[/B]
“Lo que se da no se quita, porque te sale una corcovita”. Allá los que hacen eso. Ciertamente di poco pero nunca se me ocurrió recuperarlo. Tal vez un poco de amor a quien no debía y, por supuesto, me pagaron igual. Allá abajo nos veremos con la pequeña joroba. Corcoba que, de todas maneras, sale con los años por generoso que hayas sido.
Los orzuelos nos lo quitábamos de niños –crueles que éramos– pasándoselos a los gallinazos. Frotándonos suavemente el ojo, señalábamos a nuestra alada víctima pronunciando las palabras cabalísticas:«Gallinazo ponte en vela, que va con orzuelo la calavera».
Si nos mordía un borriguero, había que tomar agua antes que él. Nunca vi a nadie mordido de borriguero. ¿De dónde diablos saldría esa absurda creencia? Lo que sí vi que dio resultado fue cuando mi amigo “Tití” amarró los índices de las manos y haló en sentido contrario viendo a un perro defecar. El pobre quedó encorvado, estítico milagrosamente hasta que Tití aflojó. El intestino del can dominado por los dedos, vaya poder diabólico.
Como experiencia propia, el ponerme los calzoncillos al revés hizo perder el hechizo de una bruja que me quería perder. Sucedió yendo al Paraíso Escondido de Juan Pea. Aparte de que el camino no era la Avenida Federico Boyd, ya iba con mis buenos tragos. Bajé mis pantalones y me puse los calzoncillos al revés. Enseguida encontré la casa, pero llegando tuve una discusión casi fatal con la dama que esperaba porque, claro está, supuso que venía de “quién sabe dónde”. Fue brujería con doble veneno.
“El qué pega aquí pega primero”. Una vez me resultó, pero otra vez mientras estaba indeciso si iba a pegar en el dorso de la mano del incitador, me cayó un trompón en la oreja que me dejó titilando.
En cuanto al “Arrechín toma” que se puede doblar y extender y bifurcar para varios significados, se puede enlazar, más bien tejer, con la terrible creencia que nos asustó de adolescentes (a mí desde niñito) de que salía un pelo largo y negro en el centro de la palma de la mano por abusar de solitarios ejercicios sexuales (¿en cuál mano?, dependía de cuál usabas más). Varios de mis amigos y yo estábamos muy atentos a la menor señal del pelo. Recuerdo que Chocita tenía una navaja Gillete guardada en el texto de francés para cuando surtiera efecto la peluda maldición.