El ex futbolista argentino Diego Armando Maradona ha logrado en Cuba aislarse de la prensa y de sus seguidores, aunque falta saber si conseguirá su principal objetivo: superar su adicción a las drogas.
Cuando concluyan los chequeos médicos "rutinarios" a los que se somete en estos días en una prestigiosa institución de La Habana, Maradona estará en condiciones de seguir plenamente el severo tratamiento contra su adicción a la cocaína que le ha preparado el CENSAM (Centro de Salud Mental), dependiente del Ministerio cubano del Interior.
El astro del fútbol argentino, que en octubre cumplirá 44 años, no ha vuelto a aparecer en público desde su llegada a Cuba, el pasado lunes por la noche, acompañado de su médico, Alfredo Cahé, su abogado, Héctor Leguizamón, y sus hermanas Ana y Rita.
De nada han servido ni la insistencia de los periodistas ni las buenas artes de los diplomáticos argentinos, que confiaban en que Maradona compareciera brevemente ante los medios de prensa para "saciar" su curiosidad y acabar con la gran expectación que ha provocado su regreso a la isla.
"En este momento no puedo decir nada, quizá más adelante", dijo ayer a EFE el abogado de Maradona, en una conversación telefónica de apenas unos segundos.
Casi las mismas palabras utilizó Gabriel Buono, asistente de Maradona: "no estamos autorizados a hablar sobre el tema en este momento. Quizá dentro de unos diez días". Un total hermetismo rodea al ex futbolista, que parece que esta vez le ha visto "las orejas al lobo".