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Hey, ¿quién anda por ahí?

Con una TV para el mundial y una biblioteca, tienes lo que necesitas ¿Quién anda por ahí? Quien más, el señor Fútbol. ¿Por


Con una TV para el mundial y una biblioteca, tienes lo que necesitas

¿Quién anda por ahí? Quien más, el señor Fútbol. ¿Por dónde no camina ese acaparador de multitudes, aglutinador de pasiones, ese increíble Ente de cien metros de largo y sesenta y cuatro de ancho, con veintidós servidores tras una esfera y cuatro inspectores? Su aliento invade el mundo, es oxígeno puro que da sentido a la vida de millones. No hay hueco en el mundo que no sienta sus pisadas y su resoplar. Su grandeza es envidiable. Por ejemplo, mi sueño como dramaturgo es que un día, o mejor, una noche, se reuna la mitad de la gente que asiste al menos atractivo de los juegos del Mundial para ver una obra mía. Como escritor, me conformaría con que mi mejor libro (el menos malo para muchos) vendiera la décima parte de las entradas del final del Mundial. ¡Despierta!, me digo, recuerda que fue el deporte que menos ejercitaste cuando podías. Ah, pero no soy el único que sueña con estas aproximaciones al éxito. Cualquier dirigente religioso agradecería a su dios una ñizpa de la devoción que sienten los pueblos por ese atractivo deporte de patadas. ¿Quién no quisiera generar esa fabulosa energía, esa explosión de felicidad que provoca un gol en jugadores y fanáticos? ¿Te imaginas un político que logre esa pasión con sus discursos? «Dame diocito aunque sea un licuipis de esa fidelidad». ¡Qué chance! Viendo cómo crece en poder y atracción esa gesta formidable que el Mundial (Hitler babeaba por tenerla), podríamos soñar que es un jarabe para la paz, o un gatillo para disparar la guerra total.

Señor Fut: no olvide que su grandeza proviene de sus hijos: Pelé, Di Stéfano, Puskas, Maradona, Cruiff, Platini, Garrincha, Zidane, Messi, Beckenbauer, CR7, Eusebio, Buffon, Müller, y, por qué no, de Rommel Fernández, Empanada Arosemena y Nazi De Bello.

No permita, señor Fútbol, que se derrame sangre en vez de gritos y palmadas y confetis y palomas y disfraces y coros y pinturas faciales y cervezas y hombres y mujeres abrazándose o consolándose por victorias o derrotas. Todo va mejor sin sangre, y sin las vuvucelas cuyos pérfidos sonidos hicieron concebir tormentos a Satán.

Señor Fútbol, gracias por llenar zandungueras horas de ocio y por no competir con las lecturas que dan sentido a mi vida.


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933121
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América