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Hierofanía

“Dios hubiera dicho: Deja de pedirme, confía en mí. ¿Me vas a decir cómo hacer mi trabajo?” Spinoza La


Ernesto Endara (escritor) / Escritor

“Dios hubiera dicho:
Deja de pedirme, confía en mí. ¿Me vas a decir cómo hacer mi trabajo?” Spinoza

La imaginación de Tito Piedra se despepita. Le ha dado por una nueva y original fantasía: entrevistar a personajes sagrados. Tomando café en el Delirys de la Transístmica, donde saludamos al poeta atómico Javier Hernández, se abrió como un frasco. No había bajado el segundo sorbo cuando me hizo un vívido relato de la entrevista que le hizo a... agárrese: Santa María la Antigua.

—¿Me vas a decir que se te apareció la Santa María? ¿A ti?

—Ese mismo asombro me lo produjo a mí. ¿Por qué yo, siendo como soy carne de infierno?

—¿Cuál sería su intención, cuál su mensaje?

—Explico mi escogencia: «Sólo un descreído como tú puede convencer a los creyentes de que hablé contigo.,, si logro convertirte».

—¿Qué, está feliz con la estatua proyectada?

—No, amigo, todo lo contrario. Tomando en cuenta que lo contrario a la felicidad es la tristeza.

—Mira, Tito, guardaré silencio para que me cuentes de pe a pa.

—Te agradezco, Neco, tu silencio es oro. Te diré que se parece a tu tía Virgilia joven. Vestía una bata guaymí que le quedaba requete bien. Su voz, seda azul, como diría Toño Robira. Su mirada, más dulce que el manjar blanco. Me pidió, más como súplica que como orden: «Préstale tu voz a mis palabras: nunca me enojo, ni castigo, soy toda amor. No pido que crean en mí, porque creer es imaginar. Sin que lo sientan, estoy en cada beso de los amantes, en cada abrazo de los amigos. Si cierran los ojos mirando el cielo interior podrán verme. Más que rezos prefiero buenas acciones. Demuestren fe en el mundo cuidando sus relaciones con él. Quiero estar en la alegría...».

Impaciente, interrumpí a Tito: «Está bien, Tito, pero, de la estatua, ¿qué dijo?

—Cálmate. Dijo: «No me encontrarán en una estatua. Mi mayor mérito fue ser buena madre, como son la mayoría de las especies vivientes». Recalcó: «No deseo monumentos, a menos que sean hechos de pan para repartir. ¿Cuándo he dado señales de orgullo o vanidad? ¿Acaso mi humildad necesita templos y estatuas? Que me busquen dentro como dije. Dejemos las estatuas a la Libertad, a Napoleón, a Calígula. Sería demasiado dinero vuelto piedra. Si realmente me quieren halagar, que levanten un centro de protección a los débiles donde ofrezcan escuela y pan a los niños pobres...». Dicho esto desapareció.

—¿Te convertirás, Tito?

—No sé, creo que necesito una patadita más.


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838237
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América