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Hijos de la rebeldía

Medio siglo ha transcurrido de aquel levantamiento en armas, lo que fue más bien un gesto hermoso de inspiración romántica propio de juventudes soñadoras, donde a un adolescente de 16 años, “Mingo” García, un proyectil le partió el cráneo en dos.


" Hijos de la rebeldía", es el título de la obra literaria de aventuras, acontecimientos y amenidades, todas ciertas, aportes de detalles precisos y descripción por los legítimos protagonistas de esta historia que retrata temperamentos, virtudes, coraje, debilidades, deserciones y miseria humana en este tipo de entrega incondicional con la historia y donde se juega el honor y la misma vida.

Además, este autor panameño, Carlos H. Cuesta G, describe los escenarios y parajes donde aconteció, exhibiendo dos personalidades: el de acucioso escritor con fuerza descriptiva pormenorizada y en los últimos tramos del libro, trasciende más bien el fiscal, escritor, investigador y forense. Se trata de una sola persona intelectual y profesor de Derecho Penal, estudioso y joven aún para la edad de escritor en pleno ascenso literario.

Le motiva la aproximación de cincuentenario del levantamiento armado en el Cerro Tute y cristaliza en este libro, que parece ser, o más bien interpreto, como un homenaje a esos valientes jóvenes idealistas, hoy olvidados, que ofrendaron sus vidas en esas tierras del majestuoso macizo empinado del Tute, de faldas áridas y agrestes de la provincia de Veraguas, donde sólo crecía la pobreza, el hambre, el chirrisco y la anemia; pasto ideal para la tuberculosis.

 

Medio siglo ha transcurrido de aquel levantamiento en armas, lo que fue más bien un gesto hermoso de inspiración romántica propio de juventudes soñadoras, donde a un adolescente de 16 años, "Mingo" García, un proyectil le partió el cráneo en dos. Precisamente a partir de ese suceso histórico, donde hubo derramamiento de sangre de inspirados compatriotas, cuyos despojos por allá a la interperie quedaron a merced de perros salvajes hambrientos y gallotes, se inicia la cuenta regresiva hacia el "golpe" del 11 de octubre de 1968, donde el pueblo avanza nueve años después y emprendemos todos juntos la jornada inaplazable de la reestructuración de una república más justa en oportunidades, soberana, democrática y digna, (como que hoy nuestros gobernantes dan señales que se proponen cambiar el rumbo).

Ocurre además al transcurrir los mismos años, que aquel capitán combatiente, Omar Torrijos, contra sus propios ideales, obligado por el deber y disciplina, evoluciona hacia el comandante humanista y estadista.

Reflexiones.
Por esas cosas del destino, quien suscribe, también estuvo allí aunque más al norte, donde nace el caudaloso Río Calovébora, y se precipita ruidoso entre gigantescas piedras de basalto hacia el Océano Atlántico. Con un pelotón bajo mi mando de disciplinados miembros de la Guardia Nacional, pero, sin adiestramiento ni condición física, ¡incluyéndome! para afrontar este tipo de misiones de combate de guerra irregular, ya que nuestra misión institucional entonces era puramente policial.

 

Llegamos a la comunidad de Santa Fe en la falda del Cerro Tute, aproximadamente al mediodía bajo el comando del Capitán Omar Torrijos. Después de hacer un análisis de la situación y reconocimiento del terreno, junto a los tenientes Humberto Ramos, Juan Bernal, el Capitán - médico Jorge Reyes Medina y, por supuesto, el capitán Torrijos. Recibí órdenes precisas del capitán de que escalara hacia la cabecera del río Calovébora al amanecer, con un guía lugareño y estableciera un puesto de control en la comunidad indígena el Guabo o el Guabal.

El propósito, en efecto, era cerrar las vías de escape y maniobrar a los alzados en armas, todos muy jóvenes e idealistas contagiados por la epopeya triunfal de Fidel Castro en enero de ese mismo año 1959; además, la misión incluía interceptar los invasores milicianos castristas ya en alta mar que habían zarpado de Cuba, según los informes de inteligencia aportados por los norteamericanos.

Definitivamente, nuestras evaluaciones y subsiguiente "Orden de Operación" concluyeron que el desembarco de los invasores cubanos, era una acción coordinada con el alzamiento del Cerro Tute. A las seis de la mañana del otro día iniciamos el ascenso hacía el norte en dirección al Atlántico, con suficientes raciones y agua para una semana y un radio de campaña PRC 6. Después de escalar en marcha fatigosa por la selva boscosa muy húmeda, esa noche pernoctamos en la ribera del río Mulaba.

 

Llegamos exhaustos y deshidratados, sin embargo, el guía campesino enjuto, de unos 40 años, (yo tenía 25 años y era la edad promedio del pelotón) quien sólo ingería raspadura, arroz dormido y tasajo, era el que mejor estado físico lucía.

Al día siguiente, al atardecer, llegamos al Guabal. Estuvimos por unos doce días allá arriba sin saber nunca más del resto de las tropas ni del capitán Torrijos, ya que la espesura de la selva formada de un nutrido bosque de enormes árboles, y ya ubicado en el borde hacia la vertiente atlántica, el radio de campaña se convirtió en un peso muerto, ni recibía, ni transmitía.

Cinco días más tarde, ya habíamos agotado las raciones y el agua potable. Hice regresar al guía a Santa Fe para informar al capitán Torrijos que estábamos en el punto de control, pero incomunicados y sin raciones.

 

Los indígenas siempre guardaban distancia de nosotros con actitud curiosa. Todos de baja estatura, muy delgados y rostros parecidos entre sí, sin lugar a dudas, allí campeaba la promiscuidad y el incesto como consecuencia del aislamiento y analfabetismo; casi no habían niños y pocos viejos e imaginé una tasa de mortalidad infantil elevada, no había escuela ni subcentro de salud a su alcance; era un núcleo de unos 50 pobladores silvestres y paupérrimos.

Se alimentaban de un maíz primitivo de mazorca pequeña, yuca, mini plátanos y su principal fuente de proteínas eran los peces de los ríos Mulabá, Piedra y Calovébora, no fácil de pescar por la velocidad de las aguas. Aunque había una variada fauna silvestre en su entorno como monos, tapires, venados y loros, no tenían escopetas para cazarlos. Nosotros evitamos utilizar las armas para esos propósitos por seguridad táctica. Lo cierto es que ya no teníamos comida y la tropa comenzó a languidecer. El agua de los ríos aunque cristalina nos infectó a todos.

Eran pocos de la tropa que, previamente me habían conocido, para ellos era sólo el subteniente #6 de la Guardia Nacional, era todo lo que sabían de mí, pues mi pelotón era un "picasay" de varios cuarteles de la capital e interior seleccionados al "ojo por ciento". Ya con hambre decidí pedir de comer y pagar con algo de dinero por los alimentos. Aprendí que el dinero en aquel caserío no circulaba. Entonces surgió la humanidad de aquellos desdichados y nos alimentaron por otros cinco días.

Las tropas sentían recelos de ingerir aquel guacho a base de maíz, plátano y yuca porque aparentaba ser la famosa "chicha mascada", ya que bullía y, evidentemente, no observamos ninguna buena dentadura entre ellos.

El jefe de la comunidad, era el único que se dirigía a mí, con un terrible uso del español…., los demás, solo nos miraban mientras que, con inusitada naturalidad, se extirpaban los gusanos tórsalos del cuero cabelludo, mucha tos y cicatrices de leishmaniasis. A la hora del primer almuerzo pasé la voz… ¡a comer con los ojos cerrados o nos morimos de hambre, es una orden!

El tiempo transcurría, cero guerrillero, ni panameño, ni cubano y seguíamos incomunicados; todos mis hombres habían bajado de peso, estaban resfriados y algunos con brotes de leishmaniasis, otros con tórsalos. De repente, sentimos un tropel que avanzaba desde el Atlántico hacía nosotros. Los indios pusieron pie en polvorosa y nosotros a la posición de defensa del puesto, previamente establecida. Era el teniente Patrocinio Viola, quien había llegado por mar y arribó en la desembocadura del Calovébora con unos quince guardias, los que más bien aparentaban ser guerrilleros. Al verme le saludé militarmente desde la posición de firme, era mi superior en rango, se acercó, me abrazo y expresó: "Subteniente Paredes, hace cinco días la guerra terminó".


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317764
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América