En mayo salió ilesa de la reaparición mediática de Monica Lewinsky y superó sin rasguños los ataques sobre su estado de salud, pero junio fue un mes difícil para Hillary Clinton, que ha tropezado con sus propias declaraciones sobre sus ingresos mientras caen las ventas de su libro de memorias.
Cuando (Bill Clinton y yo) dejamos la Casa Blanca, estábamos completamente arruinados. Con esas pocas palabras, pronunciadas en una entrevista desde la mansión decorada con maderas de caoba y alfombras orientales que posee en Washington, la ex secretaria de Estado trazó a mediados de junio una imagen difícil de borrar.
Es la de una política adinerada, que viaja en aviones privados, cobra 200,000 dólares por cada discurso y; sin embargo, se queja de las dificultades económicas que ha tenido que superar.
Ese retrato no solo le ha valido acusaciones de falta de sensibilidad con los problemas de los estadounidenses de clase media, sino que ha hecho las delicias de los republicanos que vigilan cada uno de sus movimientos en la precampaña para las elecciones presidenciales de 2016.
El error, quizá el más grave en la maratón de entrevistas y discursos pagados que Clinton concede como antesala de su esperada decisión sobre si volverá a competir o no por la presidencia, ha obligado a la ex primera dama a matizar en las últimas dos semanas sus declaraciones y tratar de salvar su imagen ante los votantes.
Puede que esa no fuera la forma más astuta de decir que Bill y yo hemos atravesado muchas fases. Obviamente, hemos sido muy afortunados, admitió Clinton hace unos días .
En una entrevista con el diario británico The Guardian, la ex secretaria de Estado quiso distinguirse de los verdaderamente pudientes, al subrayar que su esposo y ella pagan impuestos sobre sus ingresos, algo que esquivan otras grandes fortunas del país.
Por si fuera poco, la gran dama de los demócratas también afronta una controversia por la principal fuente de ingresos con la que ha reconstruido su riqueza desde que dejó la Casa Blanca en 2001: los discursos pagados que ofrecen tanto ella como su esposo.
Mientras ella lanzaba su carrera al Senado y más tarde su frustrada campaña presidencial de 2008, que le generó nuevas deudas, el expresidente de EE.UU. recaudó 104.5 millones por dar 542 discursos entre 2001 y 2013, según un análisis de sus declaraciones financieras publicado por el diario The Washington Post.