No nos cansamos de ver escenas a través de las cuales grandes rivales se funden en un abrazo sincero o un apretón de manos en reconocimiento de la superioridad deportiva, tras librar vibrantes luchas sobre las canchas, cuadriláteros y pistas.
Incluso en Panamá y, específicamente en la hípica, hemos sido testigos de grandes rivales, pero también de grandes respetos. Pero, los tiempos cambian y no siempre es para bien.
Ahora la moda en el hipódromo es aferrarse a cualquier argumento para provocar el retiro de un caballo, la cancelación de una carrera o la exclusión de quien en papel puede parecer un peligro para ganar fácil.
En muchos casos, por no decir la mayoría, ha desaparecido ese orgullo de dirimir las diferencias en la pista y ratificar la clase y los conocimientos con el buen entrenamiento y la buena alimentación de los equinos.
Con esto no queremos decir que se deben quebrantar las reglas; jamás. Lo que estamos diciendo es que se debe fomentar la competencia y la participación y dejar a un lado los actos de mala fe.
Flaco favor le están haciendo al maltrecho espectáculo de las carreras de caballos en Panamá quienes insisten en restar en vez de sumar.
Las consecuencias pueden tener efectos incalculables. Por un lado se ahuyentará más al público al presentarles carreras en las que la competencia es desigual, y por el otro, estarían creando las condiciones para que quienes hoy sacan provecho de esas acciones, mañana sean medidos con la misma vara y cuidado con una cuarta más.
No se puede aspirar a estar entre los grandes si no se actúa como tal, y eso empieza desde el momento en que se toma la decisión de entrar a este juego, en donde la única ganancia a la que puede aspirar es a competir con honor y ganar a fuerza de trabajo y profesionalismo.