Deportes

Historia, sustentabilidad y desarrollo

Si aceptamos las nuevas corrientes de la historia, no tenemos que definirnos al modo antiguo como si estuviésemos solos, sino definirnos en medio de las ciencias que nos rodean, que nos conciernen y nos vinculan, como una revancha. Fernand Braudel, "La historia en busca del mundo", en Las Ambiciones de la Historia, Crítica, Barcelona, 2002, p. 40


A SU SUSTENTABILIDAD del desarrollo de la especie que somos se va constituyendo con rapidez en un problema de civilización equivalente a lo que fueron la salvación del alma, en la Edad Media, y la acumulación incesante de capital, en la Moderna. En cada uno de esos momentos, la pertinencia de todos los campos del saber se definió por su capacidad para dar cuenta del problema fundamental de cada una de esas civilizaciones, sobre todo en sus momentos de crisis.
Así, la Teología se constituyó en viga maestra del saber medieval, como la economía lo ha sido del saber moderno. Y es en el marco de la crisis de ese saber moderno donde hoy vienen a tomar forma campos nuevos como el de la historia ambiental, la ecología política y la economía ecológica, que no se definen "al modo antiguo" sino, como quería Braudel para la historia que ayudaba a fundar en medio de la II Guerra Mundial, "en medio de las ciencias que nos rodean, que nos conciernen y nos vinculan".
Esta es, por lo mismo, la mejor perspectiva para plantear la tarea de renovar - una vez más - la pertinencia de la historia ante esta circunstancia de crisis, tan prolongada ya.
Para quienes participamos de esa circunstancia desde la ribera Occidental de Iberoamérica, esto tiene especial urgencia, pues nuestras categorías más elementales de análisis y de reacción frente a los problemas de la realidad provienen de un sentido común ya fracturado: el del consenso liberal progresista del tercer cuarto del siglo XX, y de su opción práctica en la cultura latinoamericana, el desarrollismo.
Para nosotros, en efecto, la demanda de un desarrollo sostenible entraña la necesidad de poner la teoría del desarrollo a la luz de los hechos de larga y mediana duración que conducen a su agonía, tan prolongada en todos los campos de nuestro saber. Esto resulta tanto más evidente en cuanto nuestra región es, a un tiempo, la cuna primordial y la prueba más evidente del fracaso de esa teoría tal como fue planteada por la CEPAL de la década de 1950, y asumida y ejercida por los Estados de la región desde aquel entonces hasta fines de la década de 1970.
El cuarto de siglo transcurrido desde el derrumbe del desarrollismo a principios de la década de 1980 nos ha permitido a todos ir encarando lo que entonces aún se tendía a eludir.
En 1980, el artículo que Nicolo Gligo y Jorge Morello titularon "Notas para la historia ecológica de América Latina" - unas pocas páginas sumergidas en dos tomos dedicados a la relación entre estilos de desarrollo y medio ambiente - no llegó a constituir mucho más que una curiosidad, y a lo largo de la década de 1990 nuestra historia ambiental permaneció en buena medida como un fenómeno cultural disperso y marginal. Sin embargo, entre 2003, en Chile y 2004, en La Habana, fue posible organizar dos simposios sucesivos de historia ambiental americana, y convocar a centenar y medio de colegas de América Latina, Norteamérica y Europa a la organización de una Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental, contraparte de las que ya existen en Norteamérica y Europa.
En este impulso de formación, el examen crítico de la sustentabilidad como problema histórico - esto es, de las formas de relación social y con el mundo natural que condujeron a la insustentabilidad de la forma histórica de organización del desarrollo humano que está en crisis hoy - nos conducirá a una mejor comprensión de las interdependencias asimétricas que han caracterizado y caracterizan a nuestro sistema - mundo, y a una visión mucho más clara del pasado desde los desafíos que nos plantea a todos el futuro. Podremos, así, deslindar y estrechar más y mejor nuestras afinidades y divergencias con los colegas de otras latitudes, y hacer bueno para nuestro tiempo aquel verso de fundación que José Martí escribiera para el suyo: Yo vengo de todas partes / Y hacia todas partes voy:/ Arte soy entre las artes, / En los montes, monte soy.
Con esta apreciación, espero no equivocarme. Un paro de educadores no es la solución. Seamos partidarios de los cambios que mejoren la dignidad del panameño, siempre y cuando las consultas y consideraciones se hagan sin amenazas e imposiciones de ambas partes.
(*)La autora es psicóloga clínica.
(gemiliani@cwpanama.net)


fecha edicion
old id
185705
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América