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Homo politicus

Las elecciones desbordan la imaginación popular y la no tan popular. El hombre es un animal político. Hasta el declarado apolítico asume una posición política al afirmar: «No soy político».


“El latiguillo es el arma de los demagogos”

Ortega y Gasset

Las elecciones desbordan la imaginación popular y la no tan popular. El hombre es un animal político. Hasta el declarado apolítico asume una posición política al afirmar: «No soy político». Es política negarse a ser político. Podrá desentenderse de las elecciones que flotan sobre él, pero nunca esquivará sus resultados. Lo tocarán aunque se esconda bajo las sábanas de Madám Kalalú.

 

Me parece emocionante observar la lucha por el poder. Uno de los aspirantes, Mimito Arias, a quien aprecio y conozco desde hace buenos años, es definitivamente mi favorito. Y te diré por qué. Porque es el único que no ha hablado mal de los demás, y porque sus proyectos parecen tener certidumbre de cumplimiento.

En los debates respondió preguntas difíciles y capciosas. Cuando llegó su turno no utilizó esa dudosa fuerza de la burla y el sarcasmo. Y había tela donde cortar. Insistió –espero que hasta el final de la campaña– en cumplir con lo que prometió: que no contaría chistes mordaces ni colgaría al viento los trapos sucios de los demás. Aseguró tener tantos proyectos para compartir con el pueblo la bonanza que atraviesa nuestro país, que considera tiempo perdido soplar esas burbujas.

Prefiero a Mimito porque los demás no comunicaron con precisión sus proyectos y se tomaron demasiado tiempo y empeño en enumerar los errores de los otros, olvidando completamente su paso por puestos importantes donde patinaron –como buenos mortales– y cayeron en gastos excesivos y cuentas de tinta simpática. Él pudo soplar ese polvo debajo de la alfombra, no lo hizo.

 

Prefiero a Mimito porque ha sido justo con sus rivales. Mostró respeto por ellos. Hizo bien pues todos llegaron al nivel más alto de sus carreras políticas; en verdad, el más alto que se aspira como político: candidatos a la primera magistratura del país. Mírelos como los mires, son personas especiales. Por mi parte, espero que, si ganan, mantengan el nivel de excelencia que tan seriamente prometieron al pueblo.

Sueño para mi país el viejo refrán chino: “Cuando los sables estén enmohecidos y las ruedas del arado relucientes; cuando las cárceles estén vacías y los graneros llenos; cuando los escalones de las escuelas estén gastados por el paso de los estudiantes y los patios de los tribunales cubiertos de hierbas, sabré que el país está bien gobernado”


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923747
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América