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Horror, horror

No hay aprendizaje sin error, también ese axioma se desprende del texto, se aprende del daño, del miedo, incluso del enemigo, que puede ser tu mejor maestro porque te dice cosas de ti mismo que no ves a través de tus amigos.


Para que haya un paraíso tiene que haber antes un Apocalipsis. Ese es el adagio con que se puede resumir el comunismo. En las mentes de armadillo que dirigieron las revoluciones basadas en el pensamiento de buenos burgueses como Engels y Marx, esta máxima está grabada en letras de adamantium.

El libro Camaradas, Breve historia del comunismo, de Robert Service, hace un instructivo repaso a los anales de este sinsentido que es el comunismo -no voy a ocultar mi subjetividad- que puede ayudar a conjurar cierto revival ropavejero, a conservar la capacidad de indignación ante esta horca cuya sombra se ha alargado por todo el siglo XX y lo que hemos andado del XXI.

No hay aprendizaje sin error, también ese axioma se desprende del texto, se aprende del daño, del miedo, incluso del enemigo, que puede ser tu mejor maestro porque te dice cosas de ti mismo que no ves a través de tus amigos.

 

La lista de gangarrias ideológicas, de imposturas políticas, de arengas mortecinas es innumerable; lo que sí es numerable es la galería de siniestros personajes cuando no de asesinos palmarios, Lenin, Trotsky, Stalin, Pol Pot, Mao, Castro, Hoxha, Kim Il-sung e hijo… y eso citando a los más conocidos.

El bolchevismo -como el fascismo- ha sido un ejemplo de religión política y al igual que su antecedente, el jacobinismo, entroniza una religión de la razón que termina llenando los templos de cabezas cortadas al igual que en Apocalypse Now. No hay mucho más. Con el truco del almendruco del paraíso en la tierra, todos los regímenes comunistas han instituido un Estado de ideología única; han eliminado o mutilado a los partidos políticos rivales; han atacado a la cultura, la religión y la sociedad civil; han pisoteado cualquier forma de nacionalismo; abolido la autonomía de tribunales y prensa; centralizado el poder; enviado a los disidentes a campos de trabajo forzado; establecido redes de represores e informadores; reclamado la infalibilidad de su doctrina, aislado a la sociedad frente a la influencia extranjera, intervenido todos los aspectos de la vida cotidiana, manipulado a la gente hasta extremos obscenos…

Este es el peligro de tomar la utopía por ciencia, resumido en la conocida sentencia de Alain Besançon: el cristiano sabe que cree, Lenin cree que sabe. El resultado es la negación de toda vida individual, millones de personas sacrificadas, la demolición de las libertades civiles, la arbitrariedad. El horror.

 

Robert Service nos ofrece un modelo divulgativo muy anglosajón, bien estructurado, que no cansa al lector y que resulta suficiente para hacerse con una topografía adecuada del tema. Si bien hay defectos en la traducción, no alcanza mucha profundidad en las grandes cuestiones, y al pasar de unos capítulos a otros se nota que el autor domina unas materias mejor que otras -pasa muy de puntillas sobre la guerra civil española-, en conjunto es una buena historia sobre por qué surgió el comunismo, cómo se desarrolló y por qué cayó. Un último consejo: a medida que se adentren en Camaradas, recuerden la advertencia de Nicolás Gómez Dávila: tener razón en política no consiste en ocupar el escenario, sino en anunciar desde el primer acto los cadáveres del quinto. El horror. El horror.


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543066
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América