LAS PRECARIAS condiciones en las que está el fútbol en Panamá motivan a que los jóvenes valores intenten abrirse camino en el extranjero, pero muchas veces regresan decepcionados y con la moral por el piso.
La falta de una liga profesional, en la que el nivel de competencia los exija rendir al máximo y donde puedan desarrollar su técnica, influye para que los jugadores panameños que salen, retornen en el más completo anonimato.
En el exterior se trabaja profesionalmente. Ese es un detalle que asusta al principio a los panameños, porque aquí no se vive del balompié. Todo lo contrario, los jugadores toman este deporte como un "trabajo de medio tiempo".
Adicionalmente, nuestros "diamantes en bruto" son engañados por los llamados representantes, quienes les ofrecen mucho, pero que a la larga no cumplen.
A la hora de salir van con ansias de triunfar, como lo hicieron en su época Julio y Jorge Dely Valdés, Rommel Fernández, René Mendieta, Felipe Baloy, entre otros.
Orlando "Papi" Rodríguez cuenta que en el Deportivo Pereira, en Colombia, donde estuvo por varios meses, sus compañeros le tenían celos y lo echaban a un lado.
Según este jugador colonense, lo humillaban y le hacían sentir mal, razón por la que tomó la determinación de regresar. Hoy se arrepiente por no haber aguantado.
"Los colombianos del Pereira no podían entender cómo un panameño llegaba a su país a quitarle su puesto", dijo "Papi" Rodríguez, quien milita en el Árabe Unido de Colón.
"Los panameños que piensan salir del país tienen que saber que para triunfar hay que pasar por encima de todo, yo cedí ante las presiones de algunos de mis compañeros de equipo", concluyó.
Joel Solanilla es un jugador que tiene todas las condiciones para triunfar, pero lastimosamente le tocó jugar en un club que no lo valoró y que hoy a segunda división.
Este zaguero relató que en el Envigado, Colombia, era pilar y titular en todos los juegos, pero que al hablar del tema económico no se puso de acuerdo con los directivos y tuvo que desistir de seguir allí.
"Yo hice mi parte, sacrifiqué mis estudios y me aparté de mi familia para mejorar en lo económico, pero esto no se dio. Salí del país con una idea y cuando llegué allá, la cosa era totalmente diferente", afirmó.
Gustavo Avila es un chico de 25 años que surgió en el 28 de Diciembre de San Miguelito. Hace un año tuvo la posibilidad de abrirse paso en el exterior, específicamente en Colombia, con el Deportivo Pereira. Allí estuvo por espacio de dos semanas, pero no pudo lograr su cometido y tuvo que retornar a Panamá junto a sus familiares.
Uno de los pensamientos que tenía Ávila era darlo todo para lograr un buen contrato que sirviera para brindarle a sus familiares una mejor calidad de vida. En su primera aventura fracasó.
Tuvo nuevamente que jugar en el medio local con el Sporting de San Miguelito y Plaza Amador para no perder continuidad. Dinero ganó poco, pero lo importante era ser observado por un empresario que lo colocara fuera del país.
Actualmnte, tiene una nueva oportunidad que no piensa desaprovechar. Junto a Alberto Zapata y Víctor Herrera Piggott arregla sus papeles para formar parte del Islander, equipo que tiene como sede Puerto Rico y que participa en una liga alterna en la MLS.
El contacto para lograr este contrato lo realiza el empresario de origen español Vicente Cutanda, quien ha estado dándole seguimiento a algunas figuras de nuestro fútbol. Dicen en Panamá que para pescar hay que mojarse los pantalones. ¿Aplicará este refrán al fútbol?
Humillados en el extranjero
Los futbolistas en Panamá no viven de este deporte solamente.