Por estos días se escucha frecuentemente en los corrillos hípicos comentarios sobre la competencia reñida que se está dando entre los jinetes que actúan regularmente en el Hipódromo Presidente Remón.
Los protagonistas principales de esta rivalidad son indiscutiblemente Félix Salgado y Luis Arango, quienes disputan los primeros planos de la estadística general, sin menospreciar a los aprendices Ricardo Santana Jr., Abel Lezcano y Cosme Rivera, además de otros látigos consistentes como Ángel Rivas, Renán Aparicio, Leo Santamaría y Luis Jurado.
Pero no todo es color rosas en esta competencia, ya que los reclamos, cambios de línea y maniobras peligrosas son el pan nuestro de cada día.
En su afán de ganar, por decir lo menos, la mayoría de estos látigos y muchos otros, no están tomando las debidas precauciones al momento de la partida y durante el transcurso de las carreras, con lo que ponen en la cuerda floja su propia integridad física, la de sus colegas y de los equinos.
El uso inadecuado e inoportuno de la fusta y los cambios de línea con brusquedad están empañando el espectáculo.
Los comisarios han sido severos con los infractores y eso está bien, en tanto que la Comisión Nacional de Carreras semanalmente está llamando la atención a los jinetes para que guarden la compostura.
Aplaudimos su interés por querer ganar, pero preferimos que pierdan una carrera a que la vida se les vaya por no montar con el elemental espíritu de conservación que tenemos los seres racionales.