El asesinato de un bebé de un mes de edad a manos de su padre causó conmoción en La Paz, sede del gobierno de Bolivia, donde la prensa amarilla destaca con pelos y señales el infanticidio, el primero en el año plagado de vejaciones a menores.
La policía interrogaba aún ayer a Santiago Quispe que "torció hasta romper el cuello de su bebé" al que desde "el primer día de nacido trató de envenenar con sustancias químicas" y al que "obligó todos los días a ingerir alcohol", según los informes de prensa.
Quispe, de 18 años, "trató insistentemente de interrumpir el embarazo" de su esposa, Antonia Suca (16), "a la que propinó brutales palizas desde que la puso encinta".
En declaraciones a un juez, el infanticida admitió la comisión del hecho que le valdrá una pena de al menos 20 años de reclusión sin derecho a indulto, "porque no tiene atenuantes y fue realizado de manera premeditada con todas sus agravantes", de acuerdo con los especialistas.