Hoy se cumplen cuatro días de la paliza, para mí inexplicable, que le dio el filipino Manny Pacquiao al norteamericano- mexicano Oscar De La Hoya.
Hoy todavía son muchas las interrogantes que tengo de este pleito, que resultó ser una verdadera burla para los que respetamos el deporte del boxeo. Y digo burla no porque haya ganado Pacquiao, sino porque De La Hoya nunca demostró que quería pelear.
Hoy todavía me pregunto la razón por la que De La Hoya no soltaba su mano derecha.
A través de la transmisión de Lo Mejor del Boxeo, pude apreciar que cuando De La Hoya decidía soltar las manos estremecía a Pacquiao.
Sin embargo, apenas soltó débiles jabs.
Nunca tuvo movimientos laterales, peleó a pies planos y decidió recibir todos los rectos de izquierda del filipino.
Lo más curioso fue observar que cuando Pacquiao castigaba contra las cuerdas a De La Hoya, a los segundos se detenía, como buscando una explicación al poco interés de su rival por responderle.
Por último, dejo esta interrogante en el ambiente: ¿Será que De La Hoya apostó en su contra, a sabiendas de que las apuestas estaban a su favor?
Por lo que he investigado, se habla ahora de un combate multimillonario entre Pacquiao y el inglés Ricky Hatton.
¿Adivinen quién maneja los intereses de Hatton? No se equivocan, Oscar De La Hoya.
Es obvio que si Pacquiao perdía con De La Hoya hubiese sido imposible montar el gran negocio que se avecina.