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Invasión o Noriega

“Lo injusto no se hace justo por muchas enmiendas que se hagan” Thomas Paine


La historia es como una gran carpa, y también como una alfombra interminable. Estas dos figuras no las pongo por gusto. La historia nos cubre, de ahí la carpa. Caminamos sobre la historia, algunas veces mirando los diseños que pisamos y otras con el más torpe e indiferente de los pasos, de ahí la alfombra. Dicho lo cual, me atrevo a mirar la historia de mi país bajo la carpa y retrocediendo en la enigmática alfombra hasta detenerme sobre el 20 de diciembre de 1989.

No sé si algún día se podrá contabilizar la pérdida de vidas que realmente nos costó la invasión de tropas norteamericanas. Si le preguntan a un gringófilo, dirá que unas quinientas; si a un ñángara te hablará de 10 mil.

Los libros que recogen testimonios presentan el drama individual, no la luctuosa contabilidad, ni las causas y mucho menos las consecuencias. Algunos estancan su furor patriótico contra el acto terrorista de una inmensa y poderosa nación invadiendo a un pequeño e indefenso país. Otros aceptan el cruento acto de guerra y muchos lo agradecen porque nos hizo el trabajo de eliminar una dictadura tenebrosa y sin esperanzas. Todavía no se ha escrito una historia aceptada por la mayoría de los panameños. Miramos la carpa y está llena de agujeros, y también la alfombra.

 

Los hechos, que sí son irrebatibles, están frente a nosotros. A partir de la muerte del general Torrijos, el tintibajo del poder cae abruptamente hacia los militares. Renuncia Aristides Royo, dos años dura su relevo Ricardo de la Espriella. El nuevo presidente Illueca llama a elecciones. Gana (es un decir) Ardito Barletta, que renuncia al año; su vice, Del Valle, asume el cargo y se atreve a destituir al general Noriega, quien a su vez lo saca por la relinga y nombra a Solís Palma como presidente. Al año siguiente (1989) se llama a elecciones que gana sobradamente Endara. Por supuesto, las anularon “por injerencia extranjera” y un tal Rodríguez se sienta en la tambaleante silla. Noriega reprime con sangre una sublevación de oficiales. La Asamblea nombra al general Noriega Cabeza del Gobierno. La oposición pierde aliento y sus políticos son reprimidos salvajemente. Noriega blande un machete y se muestra desafiante al Imperio cuando todavía estaba en el payroll de la CIA. Acumula millones mientras los dólares se pudren en Panamá.

Y entonces nos cayó el rayo de la invasión.

¿Tú qué piensas?

 

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505426
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América