Un partido de izquierda asumió ayer domingo el control de la municipalidad de La Paz, el primer hecho de esta índole en la historia de Honduras, en medio del estallido de petardos y música.
El partido Unificación Democrática (UD), una coalición de agrupaciones de izquierda que abandonaron en 1990 la lucha armada como método para alcanzar el poder, triunfó en La Paz en las elecciones efectuadas el 30 de noviembre.
La UD obtuvo la victoria mediante su candidato a la alcaldía, Filiberto Isaula, un político de 57 años que hasta junio de 1997 fue militante del gobernante Partido Liberal, pero que ahora se autodefine como "izquierdista".
Isaula, de 57 años, asumió el mando de la alcaldía de la ciudad en una acto celebrado en un viejo parque frente a una antigua iglesia Católica, coincidiendo con 296 municipalidades más en el resto del país.
Los alcaldes asumieron el mando de los gobiernos locales como resultado de los comicios de noviembre en los que fue electo como nuevo presidente el político liberal, Carlos Flores, y se designó a tres vicepresidentes y 128 diputados al Congreso Nacional.
El Partido Liberal asumió ayer domingo el control de 182 alcaldías, frente a 114 del Partido Nacional y una de Unificación Democrática.
Esta es la primera vez en la historia de Honduras en que un partido que no sean los tradicionales Liberal y Nacional gobierna una alcaldía desde 1982.
Por otro lado el presidente de Honduras, Carlos Reina, aseguró ayer domingo que abandonará el poder con la "satisfacción de haber cumplido" y aseguró haber creado las condiciones para impulsar el desarrollo del país.
"La hora que vivimos en Honduras es una buena hora, existen precisos derroteros de acción para acelerar el desarrollo, tenemos las ideas claras para alcanzar mejores estadíos de vida", dijo el mandatario en un discurso al inaugurar las sesiones del Congreso.
Reina, que abandonará el poder que asumirá el martes el también liberal, Carlos Flores, rechazó críticas a su gobierno por el aumento de la pobreza.
Reina, al asumir el poder en 1994, ofreció una política económica con "rostro humano", pero su administración continuó aplicando un modelo neoliberal, que economistas independientes y la Iglesia Católica aseguran engendró aún más pobreza.