Los jinetes del Apocalipsis siguen galopando; esta vez sobre los lomos del periodismo latinoamericano. Los ve con claridad el veterano periodista Miguel Angel Bastenier, un español que ha dictado múltiples talleres con la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.
Su vasta experiencia como periodista y como maestro de periodistas tanto en su país como en nuestra región, le han hecho recopilar suficientes evidencias de las carencias en un campo que cada día tiene más retos y audiencias más exigentes.
El oficialismo es el primer jinete que llega a la cabeza llena de canas de aquel maestro que conoce como pocos la prensa europea y es experto en política internacional. Bastenier admite que su punto de vista parte de una generalización excesiva, pero aplicable, pues no son pocos los periodistas que se ponen del lado del gobierno, y tienen la manía de publicar todo lo que los organismos oficiales emiten. Aprovecha para meter en el mismo saco la información que emiten las cámaras de comercio, la Policía, las superintendencias y más.
"Y así se llenan páginas y periódicos, con informaciones institucionales que carecen del más absoluto interés", dice con un tono de burla el reputado periodista, quien recuerda que noticia es sencillamente todo lo que no quieren que se publique. Y la prensa latinoamericana se dedica a publicar lo que sí quieren que se publique, es decir, lo que no tiene ningún interés desde ningún punto de vista.
Detrás viaja el jinete del "declaracionismo", plaga que hace gélidos los periódicos. Son esos periódicos en los que la gente habla y esa gente no tiene ni cara, ni ojos, ni edad, ni vida, ni autoridad, ni pedigrí.
Bastenier no quiere excusar a los periodistas, sino que le atribuye parte de la responsabilidad de este pobre resultado a las empresas por no proveer los recursos necesarios para hacer un buen trabajo.
"Cuando se le pide a los redactores que llenen una página diaria, ellos se quitan el trabajo de encima como puedan. ¿Cómo se le puede pedir al tipo que lo haga bien y que cuente el ambiente, y cómo es aquello y cómo son las personas, si no tienen tiempo para todo eso?, se pregunta.
Y como resultado: Es más fácil escribir lo que la gente dice y no lo que la gente hace, porque hay que reportear para ello. La misión del periodista es contar las cosas que pasan, no las que dicen que pasan.
El tercer jinete es la superpolitización. Bastenier advierte que no tiene nada en contra de la política, pero la capa de gente que compra los diarios es una muy delgada, muy fina: la clase media alta hacia arriba. A esa parte de la sociedad la política le interesa muchísimo, y se hace periódicos para esa capa, pero al prescindir o casi prescindir del resto, la prensa se está privando de la posibilidad de entrar en la clase media baja o al menos intentarlo, y esa clase media está menos politizada.
Y con esa superpolitización la prensa está segándose la hierba bajo sus propios pies, impidiendo que cumpla el papel socializador que le corresponde.
El aldeanismo es la cuarta plaga que ve con claridad el actual subdirector de Relaciones Internacionales del prestigioso diario español El País. Y entra ahora en aguas profundas en las que nada con la destreza de los famosos medallistas olímpicos. Bastenier se queja de la pobreza y simplicidad con se trabajan las secciones internacionales en los periódicos, las que contienen solo los despachos internacionales que llegan de las agencias de prensa.
El seleccionar, copiar, editar y pegar lo comprende Bastenier. Darle la vuelta a la página significa tener corresponsales en el exterior, lo que hacen pocos periódicos, principalmente por el costo de este servicio. En la región menciona como excepción, quizás, a los diarios argentinos Clarín y La Nación.
Bastenier es un hombre pequeño que usa gafas de aros negros. Cuando se le escucha y ve, pareciera tener siempre mucha prisa. Se nota que es de los que no se dejan ni se quedan con la pegada. Lo único que, como es civilizado, devuelve el golpe no con los puños, sino con rápidas o prolongadas ráfagas de palabras. Actúa así cuando tiene discrepancias con sus interlocutores.
Por si fueran pocos sus horribles jinetes, menciona otras plagas no menos dañinas como la mala e insuficiente formación de los periodistas.
Lo mal que andamos lo resume así: los periodistas con una formación deficiente producen una prensa de muy baja calidad.
Un grupo de periodistas centroamericanos participamos en Madrid, en un conversatorio con tan especial personaje. Uno de los compañeros del grupo fue su alumno en uno de los cursos que dictó en Cartagena. Ya nos había advertido que este hombre es tan sincero, que un día revisando una nota de uno de los alumnos, le reclamó en público que si había pasado por una universidad.
El escrito era un desastre. Aquél periodista soportó con estoicismo lo que muchos considerarían una insoportable vergüenza pública. No fue de los mejores alumnos pero aprendió. Con un maestro así, o aprendes, o aprendes.
Luego del conversatorio abordé a Bastenier, quien luego de responder en forma pesimista a mi pregunta sobre la formación periodística y de la calidad de los diarios, contó que puede citar periódicos que están muy bien en la región, pero que él se refiere a la mayoría.
Cuando terminaba de hablar, se acercó una colega dominicana, quien le preguntó muy reída sobre su diario. Ya a estas alturas, las respuestas del maestro no me ruborizaron.
- Vuestro diario está entre los peores del mundo, hoy es mucho peor.
-¿Pero ha visto el diseño nuevo?-, le pregunta la periodista con un tono esperanzador.
-Habéis oído en castellano antiguo aquello de que aunque te vistas de seda, mona te quedas-, respondió Bastenier en forma seca.
Los otros compañeros que escuchaban el diálogo le hicieron coro al maestro con el reconocido refrán.
Antes de pensar en un diseño nuevo, piensen primero qué periódico quieren... y lo peor es que se gastan unas fortunas en esto, dijo Bastenier, generalizando ya el tema.
"El Heraldo de Barranquilla, un modesto diario de provincia, se ha gastado 400 mil euros en un diseño que para mí es una mierda en diseño gráfico. Y ha quedado igual, porque primero tienen que pensar en el periódico y después en el diseño. Yo se los hubiera hecho mejor por 50 mil euros", dice no con una sonrisa sino con una mueca, el maestro que estaba impaciente por terminar la conversación y se dirigía camino al elevador.
Pero no se libró de nosotros. Estaba ansioso por salir al exterior del edificio. Ya abajo, metió sus manos con agilidad en su chaqueta azul. Sacó una cajetilla con unos cilindros, y solo cuando encendió uno de ellos, pareció terminar su interminable inquietud. Es un fumador empedernido que tiene que soportar sus ganas de fumar durante largas horas de vuelo mientras cruza el Atlántico.
Pese a todo lo que diga de la prensa latinoamericana y de su aparente rudo carácter, Bastenier está enamorado de la región. El maestro gruñón pronto será propietario de un bello apartamento en Cartagena de Indias, Colombia.
Bastenier se queja de la pobreza y simplicidad con se trabajan las noticias del mundo en los periódicos de cada país.
Miguel A.
Bastenier. Es licenciado en Historia y Derecho de la Universidad de Barcelona y en Lengua y Literatura inglesa de la Universidad de Cambridge.
Graduado en periodismo de la Escuela Oficial de Madrid y experto en temas de política internacional.
Actualmente es el subdirector de Relaciones Internacionales del diario El País de España, donde trabaja desde 1982, así como es profesor de la maestría de Reporterismo y Géneros Periodísticos en la Escuela de Periodismo del diario español, fundada en 1988.