Zach Johnson parece haber encontrado la clave para jugar la primera ronda del Abierto Británico de golf. Rory McIlroy todavía no la ha descifrado.
Recuperado de una derrota difícil el fin de semana pasado, Johnson se apoderó ayer de la delantera en la primera ronda en Muirfield, con una tarjeta de 66, seis bajo par. El estadounidense abrió el Abierto Británico del año pasado en Lytham con un 65.
“No sé cuál es el secreto”, dijo Johnson. “Tuve algunos tiros buenos, y obviamente mi putt estuvo realmente bien”.
Ahora tiene que terminar la faena. Hace un año el campeón del Masters de 2007 tuvo un 74 en la segunda ronda, para finalmente terminar noveno.
“Este deporte exige resistencia”, señaló. “Eso llega con la experiencia. Y eso llega cuando uno acepta lo que pasó y lo deja a un lado y se enfoca en el futuro”.
El futuro inmediato no luce prometedor para McIlroy, quien en agosto ganó su segundo trofeo de un major con una victoria en el PGA Championship. El norirlandés no dio señas de salir de su mala racha, y su marcador de 79 fue el segundo peor de su carrera en el Abierto.
Nick Faldo, quien cumplió 56 años ayer, tuvo la misma tarjeta que McIlroy, a quien recomendó esta semana que debía enfocarse más en el golf que en sus actividades extradeportivas.
El español Rafael Cabrera-Bello y el estadounidense Mark O'Meara son segundos con 67 golpes.
Tiger Woods y Phil Mickelson entregaron cartones de 69 impactos, para ubicarse en la novena posición de la tabla de clasificaciones.