José Reyes tomó el último de una docena de swings, se retiró de la jaula de bateo y dio unos pasos de baile al compás de la música que retumbaba del pequeño radio colocado a sus pies.
A punto de cumplir con una suspensión de 60 juegos por quebrantar el reglamento de violencia doméstica de Grandes Ligas, el torpedero dominicano de los Rockies de Colorado volvió ayer a un terreno, si bien en Arizona.
"Es un gusto estar en un diamante y poder dejar atrás todo eso", dijo Reyes en el complejo de pretemporada de los Rockies. "Lo lamento. Cometí un error y aquí estoy como un hombre afrontándolo. Tengo que tratar de ser un mejor hombre, un mejor esposo".
Reyes no pudo participar de los entrenamientos de primavera y su suspensión abarca hasta el 31 de mayo, luego de que fuera acusado por un delito de violencia doméstica debido a un altercado con su esposa en Hawái en octubre.