A partir de los líderes que nos regaló el mundo, como Mahatma Gandhi, Hellen Keller, Martin Luther King, la madre Teresa de Calcuta, y para otro segmento, no menos importante, el Che Guevara, el mundo se quedó sin estas figuras con quienes nos hemos identificado a través del tiempo y muchos han seguido su obra. Pero lamentablemente, la juventud de hoy no se identifica con ellos y no han surgido nuevos modelos,
Una importante parte de la población del mundo tuvo que vivir guerras, revoluciones y de allí surgieron múltiples corrientes que fueron plasmadas mediante la música, la plástica y la literatura lo que permitió que una parte de interesados y sensibles, se identifiquen con estas historias porque todos necesitamos de alguien a quien mencionar como un ídolo, que nos mantenga la existencia con una razón, con un
motivo.
Es por eso que nos ha cautivado la música de muchos y se quedó con nosotros. Ejemplos sobran: Mercedes Sosa, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez con la nueva trova, que nace en los años 60 con los movimientos políticos revolucionarios y sociales de izquierda, también otros cantautores que nos legaron música libre y autónoma como Facundo Cabral, Serrat, Sabina y nuestro Rubén Blades.
Igualmente, este fenómeno se dio en el arte y la literatura con la Generación del 27 que se crea en Madrid, con personajes inolvidables como Alberti, Lorca, Neruda y Borges que pertenecen a un tiempo en donde se quedaron como iconos insustituibles.
Igualmente en el cine, personajes como Luis Buñuel y Salvador Dalí en la pintura.
Todos se inmortalizaron en sus obras porque tenían algo interesante que contar, que decir y fueron muchos los que los emularon sin poder parecerse y muchos menos igualarlos.
Estos personajes hoy siguen siendo admirados por las personas que rebasan los 35 años, o por jóvenes que son muy estudiosos.
Pero ¿en qué se inspira la juventud? ¿A quién emulan? ¿Quiénes son sus ídolos, en todo el sentido de la palabra? y que no sean figuras de plástico que se derritan con sol, parafraseando a Rubén Blades.
Es por eso que letras crudas y claras, sin tatuajes, con un simplismo auténtico nace el grupo Calle 13 de Puerto Rico, que lleva acumulados como nadie tantos triunfos y trofeos. Por su singular forma de decir las cosas, sin cronogramas lingüísticos, pero denunciando con el furor de la juventud de ahora lo que sienten y lo que son. Los jóvenes se identifican con ellos porque dicen sin temor a las consecuencia lo que vive el mundo. Este fenómeno, que se llama Calle 13, nos devela una realidad: la juventud no tiene líderes, las revoluciones están hipotecadas y la paz se puede tornar peligrosa.