De manera constante, en los medios llamados de comunicación, como lo son los diarios escritos, radio y televisión, nos señalan los cambios acelerados negativos, en corto tiempo, de los entornos físicos y de los climas de nuestro planeta Tierra y las secuelas catastróficas de estos fenómenos que envenenan nuestros ambientes. En especial, sus efectos dañinos en nuestra forma de vivir, comprometiendo en esto último a las futuras generaciones.
Sin embargo, pareciese que a la mayoría de nosotros los que lo habitamos, poco o nada nos importa, a pesar de que sentimos las perjudiciales variaciones higiénicas y atmosféricas.
La historia del hombre registra alteraciones ambientales y climáticas, pero todas las anteriores a la actual tomaron millones de años, y a la naturaleza se le otorgó tiempo para adaptarse.
Pero ¿cuál es el pedal que apresura la calamidad que mencionamos?
La respuesta o explicación se encuentra en la descomunal promoción de lo que se llama sociedad de consumo matrimoniada con la explosión demográfica, estructura social y física en la que moramos o nos desenvolvemos y los desechos (basuras) que este sistema económico genera.
I.
Origen. La sociedad de consumo, que nos impulsa a adquirir o comprar lo que no necesitamos, se arraiga terminada la Segunda Guerra Mundial. Los propietarios de los capitales privados, que financiaron los esfuerzos bélicos victoriosos, dirigieron los dineros y las estructuras industriales, en los escenarios de los tiempos de paz, a aumentarlos. Y ello lo hacen realidad con la fabricación de toda clase y tipo de productos, con empaques desechables, acompañada de una campaña sistemática de venta que nos convirtió en glotones. Se inició la comercialización de la televisión y se emprendieron masivas promociones a través de ella.
Las llamadas “TV Diners”, los pañales que se desechan después de su uso, el plato y vaso de cartón, bebidas en latas, envolturas de celofán. Además, nuevas refrigeradoras (antes eran neveras), lavadoras de ropa, leche envasada en cartón, etc... El empleo de los envases de botellas de vidrio reusables (reciclaje) llegó a su fin, entre otras cosas. Todo lo anterior se tradujo en más basura.
En otro aspecto, no olvidemos que con motivo del conflicto bélico mencionado la población, en general, tenía dineros ahorrados por los racionamientos propios de dicha situación. Terminada esta no se dudó gastar de prisa lo guardado.
Los conocimientos científicos que nacieron con la Segunda Guerra Mundial se comenzaron aplicar a la vida civil.
Este andamiaje económico, con el tiempo crece y aumenta a ritmos que ya no sorprende, en un proscenio de prosperidad que la historia moderna de la humanidad no había atestiguado jamás. Como tampoco la magnitud de su engendro final: desechos y basuras, y los costos para deshacerse de éstos.
Y solamente nos referimos a los desechos contaminantes que producen nuestras residencias, restaurantes, oficinas, hoteles, etc... Excluimos las que ocasionan las fábricas en general y las minas.
Naturalmente, los países más ricos son los que más aportan a estas últimas malignidades. Existen estadísticas y registros de las enormes cantidades de metales, papel, plásticos (polímeros), ropa, vidrios, materiales orgánicos (residuos de jardines), aparatos electrónicos, etc, que desechamos como basura. Asumimos, porque es un material de reciente uso, que los plásticos (se inventaron en el siglo XIX) permanecen intactos en forma de basura por muchos años. Hasta hoy no se ha demostrado lo contrario y su uso o utilización va en aumento con el tiempo. Están presentes en casi todos los aspectos de nuestras vidas.
Observe cómo cualquier acción o moción de un ser humano, durante el día y la noche, produce basuras o desechos: cuando comemos, o nos bañamos, o trabajamos, o fumamos. Hoy día, sume a lo anterior, por ejemplo, que cuando un teléfono o un aparato de televisión deja de operar correctamente no lo reparamos. Sencillamente, decidimos arrojarlo como basura o desperdicio y compramos uno nuevo para reemplazarlo. En la actualidad, casi nada se repara. Este es nuestro estilo de vida en el presente. La mayor parte de los metales que se depositan o se arrojan en los rellenos sanitarios provienen de los electrodomésticos descartados.
Después de todo, el mundo industrial, cada cierto tiempo, crea un nuevo modelo de un producto, el cual fabrica con dispositivos técnicos novedosos y a precios razonables, con versiones de tamaño y colores para todos los gustos. A veces más económico de lo que costó el primero u original y lo más seguro es que son diseñados para que duren menos. Y la gente tiende, como status social, estar a la moda con el “denier cri”.
Y ello es así porque ¿de qué otra manera las fábricas continuarían produciendo, vendiendo y compitiendo?
II.
Implicaciones. Ante el crecimiento rápido de la población, en las últimas décadas, las comunidades generalmente depositan todas las basuras o desechos que se originan en nuestros hogares o residencias, comercios, oficinas, restaurantes, etc., en un predio específicamente designado para recibirlas. Con cada cierta cantidad o volumen de basuras o desechos el sitio se cubre con un relleno, de aquí el nombre de relleno sanitario que se da al lugar.
No todas las basuras terminan en los rellenos sanitarios, como veremos más adelante.
En Panamá se localizan rellenos sanitarios sin que se implanten controles sanitarios adecuados, como existen en otros lares del planeta.
Los componentes negativos de los rellenos sanitarios derivan en la contaminación de las corrientes de aguas subterráneas del área, y por ende el envenenamiento de la tierra. Y del aire. Este último por la emisión de gases tóxicos producidos por las basuras.
Además, los rellenos sanitarios inadecuados dan origen a la multiplicación de ratas, moscas y cucarachas las cuales se trasladan a las áreas colindantes o perimetrales de comercios y de viviendas.
Nos llama la atención que en Panamá se les llama “pepeneros” (?) a las personas que viven de examinar y mezclarse con las basuras de rellenos sanitario y las autoridades no se lo prohíben para evitar que se enfermen. En realidad, conocemos que se les llama pepenero al oficio practicado por gentes en las minas de oro, con mucha dignidad.
La descomposición de las basuras en los depósitos (rellenos sanitarios), donde se arrojan, emiten o expulsan vapor de metano, el cual es el principal contribuyente al “ACID RAIN” y por ende a los cambios ambientales y climáticos, de acuerdo con los científicos conocedores del tema. Pero no solo despiden vapor de metano sino que también monóxido y dióxido de carbono. Y todo ello en conjunto contribuye a la eliminación de la vegetación, causan problemas de respiración, enfermedades de cáncer, y lace+++raciones en el sistema nervioso de la población. Esto lo sabe cualquier estudiante a nivel secundario que estudia ciencias.
Controlar o disminuir o eliminar los gases mencionados es incosteable y complejo para cualquier municipio o Estado, cualquiera que sea el caso. Por esta razón el método básico del relleno sanitario es el más utilizado, aunque después, al final, casi todos son declarados tóxicos. Esto lo explicamos después.
Algunos otros métodos o procedimientos se han utilizado, pero sin éxito. V gr. El proceso inventado por el Dr. Giuseppi Beccari (Italia) en 1914 basado en “fermentación”. Este terminó en desuso en los años cincuenta del siglo pasado (XX) por la alta inversión que requería en comparación del relleno sanitario. Otro sistema que se aplicó consistió en convertir las basuras y desechos en comidas para cerdos y marranos hasta que las autoridades sanitarias relacionaron, por esta práctica, la triquinosis y los animales mencionados.
Por un tiempo se pensó que las plantas incineradoras se convirtieran en la solución del problema de cómo eliminar las basuras o desechos. Y se emplearon en numerosas localizaciones de la geografía mundial, pero se descubrió que este procedimiento era responsable de la producción del 69 por ciento de las emisiones de dioxinas. Estas representan unas substancias de la más tóxicas. Además, crean otros gases que tienden a aumentar el “ACID RAIN”.
Sume a este escenario que estamos describiendo el agravante de que los habitantes de casi la totalidad de nuestras poblaciones están alojando o depositando indiscriminadamente las basuras (incluye desechos químicos), que acumulamos, en las riberas de los ríos y los mares o en cualquier sitio que se nos ocurra, contaminándolos. Además, recordemos que en Panamá prevalece un clima caliente. De todo esto dan cuenta los noticiarios de la televisión, casi a diario.
Eventualmente, se corre el peligro de que los seres humanos no encontremos lugares para depositarlas por la razón de que es alarmante su incremento.
Busque la segunda entrega de esta nota en nuestra próxima edición.