Las escaramuzas deportivas entre hombres y mujeres tienen remotos antecedentes y siempre han despertado pasiones.
En 1973 Billien Jean King fue retada por el campeón de Wimbledon, Bobby Riggs, en lo que se le llamó "la guerra de los sexos". Atrajo a una multitud espectadora de 30742 aficionados, el récord más grande de asistencia a un partido de tenis.
Billie Jean King ganó sin perder un solo set y se demostró que el tenis de las mujeres es real y vale la pena verlo.
Este fin de semana en el golf, la bella rubia sueca de 32 años, Annika Sorenstam, fue el centro de atención mundial, al ser la primera mujer en 58 años en competir en un certamen masculino de golf.
Su participación elevó el rating de televisión por cable a 1.7, récord para una ronda de un torneo de golf durante cinco horas. Se estima que 1.5 millones de personas le dieron seguimiento el jueves al torneo de la PGA Tour.
El interés estadounidense y mundial por este acontecimiento fue tal que más de 500 periodistas se acreditaron para darle seguimiento al campeonato, el que habitualmente sólo cubren 100 redactores deportivos.
La número uno del golf femenino, quien ha ganado 43 torneos de la LPGA, se convirtió en la primera mujer que traspasa la barrera de los sexos en el circuito de hombres, luego de que la norteamericana Babe Didrikson Zaharias lo hiciera en 1945.
Zaharias es realmente la pionera de estos duelos. Era una atleta completa, pues antes de dedicarse al golf ganó dos medallas de oro y una de plata en el atletismo de los Juegos Olímpicos de 1932.
Inclusive dicen que por los años 40 ponchó al legendario Joe DiMaggio en un partido informal de béisbol.
A la sombra de Sorenstam, este fin de semana también en las 500 Millas de Indianápolis, la piloto estadounidense Sarah Fisher fracasó en el intento de convertirse en la primera mujer en ganar una carrera automovilística profesional en Estados Unidos.
Aunque esta fue la cuarta vez que Fisher corría en el clásico americano del automovilismo, este año su incursión tomó mayor relevancia, por lo de Sorenstam. Fisher fue la única mujer presente entre los 33 pilotos que largaron ayer en la edición 87 del premio.
Hay que recordar también a la amazona Julie Krone, quien en 1993 fue la primera en ganar el Belmont Stakes, joya de la Triple Corona. Otra que ha sido tentada fue la tenista estadounidense Serena Williams, quien descartó toda posibilidad de enfrentarse a los hombres.
No hay dudas que Sorenstam dividió el campo de golf y deportivo entre el amor y el odio. Hubo quienes la quisieron y también la odiaron. Su virtud o su pecado, según el cristal con que se mire, ha sido profanar el universo masculino.
Sin embargo, así como se están dando estos casos a lo largo de la historia deportiva, nadie sabe cuándo se abrirá el deporte para ambos sexos, para bien o para mal.