Hace poco, en Curazao, la veterana pugilista panameña, Ana "Dinamita" Pascal, siguió abriendo peligrosamente una brecha en el futuro del boxeo mundial. Ella se enfrentó a un hombre. Un venezolano que no peleaba desde 1997. Su nombre: José Español, exboxeador de 35 años, quien obviamente salió con la victoria.
Pascal realmente iba a enfrentarse con una mujer, que no se presentó la noche de la pelea, por lo que aceptó el cambio de rival.
Los reportes del desarrollo del combate indican que a Pascal le dieron una paliza; sin embargo, ella discrepa con esas aseveraciones, es más ha mostrado su rostro, como fiel testigo que no recibió gran castigo.
Aún no se sabe si este combate contará en el archivo personal de Pascal, o será tomado como una pelea de exhibición o un show.
Autoridades locales ya han anunciado que harán una investigación sobre este pleito, insólito en el mundo del boxeo y que ahora podría encaminar a los promotores a pactar más batallas de los sexos, en busca de nuevos horizontes para esta disciplina.
Desde que las mujeres invadieron el deporte, este tipo de compromisos se veía venir y en octubre de 1999 se dio la primera confrontación sobre un ring, que terminó con una fácil victoria de la representante del llamado sexo débil.
La norteamericana Margaret McGregor, de 36 años, con una técnica depurada, consiguió una tranquila victoria por puntos sobre Loi Chow, un canadiense de Vancouver, pero de origen chino, ex jockey y boxeador ocasional. El era una cabeza más bajo que su oponente.
El combate lo describieron 140 periodistas. Y es que cuando se trata de alimentar el morbo del ser humano, estas peleas cumplen con ese cometido.
La guerra de los sexos se ha dado en muchos deportes. Es sana cuando un hombre y una mujer se disputan quién es mejor en natación, tenis, golf y hasta en automovilismo, pero el boxeo, esa es otra cosa.
Ningún promotor en su sano juicio le pediría a la bella morena Laila Alí enfrentar a Roy Jones, pero tal vez sí vérsela contra un Juan Pérez Cipprés. Ella lo noquearía.
Afortunadamente no hay un organismo que avale esto. Por lo que no hay reglas y sencillamente la mujer que pelea contra un hombre en un ring está a su riesgo, aunque se intente balancear el pleito para que sea parejo y atractivo.
A pesar de los indudables progresos registrados en el deporte femenino, las mejores marcas en atletismo, natación o ciclismo siguen mostrando diferencias en los resultados que son aproximadamente el 10 por ciento inferior en las mujeres con respecto a los hombres.
Ana Pascal ahora tiene planes de ir a Europa para pelear, aunque no mencionó rivales ni sedes. Ella debe saber que los promotores la verán con otros ojos.
Ellos intentarán tentarla nuevamente y sólo Pascal tendrá el poder de decir sí o no.
Lo más saludable es que ningún púgil, organismo de boxeo, ni país permita este tipo de espectáculos bochornosos, que sobrepasan los principales valores del hombre.