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La Bayadere 2012

El Ballet Nacional ha contado en sus filas con talentosas ejecutantes, damas de plumas y seda, y caballeros, por supuesto, cuyo trabajo ha hecho brillar los


Héctor Collado (Escritor) / Escritor

El Ballet Nacional ha contado en sus filas con talentosas ejecutantes, damas de plumas y seda, y caballeros, por supuesto, cuyo trabajo ha hecho brillar los escenarios y ha estremecido tanto públicos exigentes como a la gente sencilla que mira en esta expresión artística la corona del alma humana.

El Teatro Nacional abarrotado, fue escenario del montaje de “La Bayadere” (1877, Minkus-Petipa), que narra esencialmente, la historia de una Nikiya, principal sacerdotisa del templo y custodia del fuego sagrado, entregada a la promesa de amor del príncipe Solor.

El poder del Rajah y las argucias del Brahaman, personajes cardinales de la trama, cada uno con “intereses creados”, conspiran para que una petulante princesa Gamzatti gane, ensartada en un rosario de sobornos, chantajes, intrigas, traiciones, amenazas de muerte, el amor de un pusilánime Solor, que falta a su palabra, rompe la promesa de lealtad y, “tránsfuga”, se va tras las mieles del oro y del poder. Nikiya, por su parte, leal a la promesa y con total sentimiento de pertenencia, tolera a su antagonista. Finalmente pierde la vida, pero se mantiene invicta hasta las “últimas consecuencias” su lealtad al amor. A veces la realidad supera a la ficción…

La propuesta, que durara cuatro días, casi cien artistas en escena, permitió apreciar a nuestro ballet, en la “clásica” coreografía, y en el marco de una escenografía minimalista con un tolerable trabajo de luces y un sosegado compromiso de vestuario y maquillaje, que le procuraron textura y profundidad de color a la propuesta, destacó las Bodas de Gamzati y Sombras.

En los roles principales, Alexa Gutiérrez, nuestra etoile: Instinto y pasión, técnica y entrega, manejo de escenario, capacidad histriónica y destreza, caracterizó el arte que expresara en cada escena-acto. Yosvani Corteyan: regio, sin ostentación; suficiencia técnica y una sobresaliente faena interpretativa. Nada sobró, nada faltó.

Solieh Samudio: sin mesura, mucha acrobacia, poco sutil, con algunos momentos de honradez en la ejecución. Manuelita Navarro: técnicamente correcta, exigida físicamente, resultó una buena mala.

En las individualidades he de reconocer el desempeño de las tres solistas de sombras (Adames, Barsallo y Maldonado) y por supuesto el cuerpo de baile del ballet blanco, bailarinas de primera, madera fina. Por otra parte, no olvido el memorable minuto de fiesta en que Iván Herazo, junto a una regia Carla Lozano iluminaron el escenario. Nieto y Costoya, soporte y experiencia plausible que el público supo pagar.


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848803
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América