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La buena literatura no es novelera

“… mientras una persona lee no puede estar haciendo nada peor.” Marcelo Birmajer


La frase de Marcelo es parcialmente cierta. Leer nos hace mejores personas… dependiendo de lo que leas. Si en la adolescencia la literatura erótica me dejó exhausto, la otra literatura rescató mi cerebro.

No siento grietas que separen mis gustos literarios. Leo los antiguos con el mismo placer con que leo los del siglo XXI. Para mí no hay brechas entre lo que escribía Montaigne y lo que escribe Paniker.

Hoy, cuando la crisis económica da cuchilladas a los bolsillos del mundo, la literatura en mis anaqueles no sangra. Por el contrario, me siento en superávit, hasta inicié la etapa de regalar libros. Soy como el millonario que se ríe de la crisis con sus millones en los bancos, yo tengo el mundo en mis libros.

 

Cuando el mundo era “ancho y ajeno”, las noticias viajaban a lomo de caballo. Los estruendosos campanazos de la historia resonaban en los sensibles tímpanos de poetas y escritores. El absolutismo de los reyes del siglo XVIII afilaron y encendieron las plumas de Voltaire, Swift,Gibbon, Sade, Rousseau, Hume y otros. Ese siglo encerró (si es que se puede encerrar esa labor) un colectivo y apoteósico esfuerzo: la Enciclopedia. De ella emergió la Revolución Francesa. En el siglo XIX, entre el vapor moviendo maquinarias, emergió Christian Andersen velando por mantener a los niños en un mundo de fantasía mientras el acero y los pistones golpeaban inclementes la realidad industrial.

Germinaron gigantes de las habichuelas mágicas: Balzac, Chéjov, Dickens, Dostoyevski, Dumas, Flaubert, Gogol, Hawthorne, Melville, Stevenson, Wilde, Tolstoi, ¿qué te cuento? ¿Unidos en monumental placenta? No, los grandes escritores son independientes, ¡nada de asociaciones, partidos ni cultos! ¿Acaso Martí, Emerson, Eco, Sábato o Twain fueron comunistas o mahometanos?

En el siglo XXI continúa la cosecha de escritores. Cada quien por su lado. La originalidad en temática y estilo revienta por doquier. ¿Por qué? Me aventuro a pensar que por el fácil intercambio de lecturas, la multiplicación de ediciones, la involución de la revolución, las estúpidas guerras; la velocidad, por tierra, mar, papel y aire; las cambiantes modas, los remedios portentosos; la física incontenible, la cuántica misteriosa, y, en los últimos veinte años, la computadora con su corona de chips. Nada queda inmóvil, oscuro, privado, ignorado.

 

Temerarios caballeros, pluma en ristre, salen a la aventura.

En el rabo de ese tumulto maravilloso, al final del siglo nos estremece una nueva literatura. Si buena, no será tan novelera.

Ironía.
La familia del escritor alemán había decidido que en “La memoria” estarían más seguros, pero el edificio se vino abajo y sepultó el diploma.


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363083
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América