El relevo de los Estados Unidos ganó ayer en los Juegos Olímpicos de Beijing lo que, de momento, se puede considerar "la carrera del siglo", la más bonita y emocionante de los últimos años, al imponerse en la última brazada de Jason Lezak a Alain Bernard y mantener las esperanzas de Michael Phelps de lograr 8 medallas de oro.
Además, el equipo de los Estados Unidos, con 3:08.24, batió por casi cuatro segundos, el récord del mundo. No sólo el cuarteto norteamericano, sino que los cinco primeros, Francia, Australia, Italia y Suecia, nadaron por debajo del viejo récord.
Estados Unidos formó con Phelps, Garret Weber-Gale, Cullen Jones y Lezak para afrontar una prueba en las que el primero, tenía más difícil conseguir el oro.
Otro récord.
El australiano Eamon Sullivan batió el récord del mundo de los 100 metros libres, con 47.24 y se lo quitó al francés Alain Bernard que lo tenía en 47.50.
Los técnicos norteamericanos decidieron lanzar en primer lugar a Phelps, quien no es un velocista y no nada en la competición individual, contra Sullivan y el francés Amaury Levaux.
Por lo que todo estaba en juego en la última posta. La cara de Phelps y de Weber-Gale era de tensión, gritando y animando a Lezak. Este iba a tener en su mano darle a su compañero la segunda medalla de oro. Bernard es el segundo nadador más veloz del momento tras Sullivan y falló en el "Cubo de agua", pequinés. Lezak remontó cuando todo el mundo, menos él y sus compañeros daban la carrera por perdida.
Emoción.
En unos 50 últimos metros de leyenda, Lezak recuperó la diferencia. Cuando se tiró, Francia marcaba 2:21.59 por 2:22.18 de los Estados Unidos y cuando llegó era 3:08.24 por 3:08.22. Fue la última brazada del estadounidense, con su brazo derecho, un auténtico "hachazo" lleno de orgullo, la que le dio la medalla de oro y dejó a Francia con la plata.
El héroe de la jornada, Jason Lezak, declaró que él quería ganar "más que nadie".
Explicó que sabía que la lucha iba a durar hasta el final y que nunca perdió la esperanza de ganar.