La venezolana Karlha Magliocco, primera boxeadora latinoamericana ganadora de un combate en Juegos Olímpicos, es una chica ruda en el cuadrilátero, pero fuera del “ring” defiende las buenas maneras y el derecho de la mujer a lucir bien.
“Por mí que me pongan a boxear en bikini, sería una bonita manera de diferenciar a las mujeres de los hombres a la horas de pelear”, señaló la peleadora que ayer se impuso a la brasileña Erica Matos y se colocó entre las ocho mejores del peso mosca.
Karlha es una morena atractiva que no parece boxeadora. A los seis años comenzó a practicar deportes para alejarse del asma hasta que dio con el boxeo y se enamoró de esta disciplina.
“Quizás influyó que mi mamá era árbitro de boxeo, pero fue lo que me llenó”, asegura.
Magliocco defiende el derecho de la mujer a practicar el pugilismo, pero opina que la violencia debe dejarse en el cuadrilátero porque fuera de él la vida es diferente y ella sigue siendo femenina.
“No me pinto para pelear porque no se trata de un desfile de moda, pero fuera del deporte me gusta lucir femenina”, dice la sudamericana, licenciada en educación y madre soltera de una niña llamada Naomi.
“Ella es mi gran motor, es pequeñita pero me da muchos ánimos y si un día quiere ser boxeadora, tendrá el apoyo”, asegura.
Hoy, en los cuartos de final, la venezolana tendrá un duro combate contra la estadounidense Marlen Esparza, pero la chica no se asusta.
“Estoy cumpliendo mi sueño olímpico y conmigo todo puede pasar”, dijo.
¿Y quién es su rival? Se crió oyendo hablar de los boxeadores mexicanos Julio César Chávez y Salvador Sánchez, a quienes su padre idolatraba, y el día que una compañerita de escuela la provocó, se trenzó a golpes con ella.
Esa riña infantil fue el punto de partida de una carrera que tiene a Marlen Esparza peleando por una medalla olímpica de boxeo.
“De pequeña era más gordita y algunos compañeros bromeaban sobre mí, hasta que adelgacé y me tomé la revancha”, relata Esparza, nacida en Houston y quien por entonces tenía 12 años.
“Ese día me estaba riendo de la chica y, entonces, ella me tiró de mi silla. Me levanté y empezamos a pegarnos. Fue mi primera pelea”.
Actualmente Esparza suma bastantes combates más en su historial pugilístico. La mayoría saldados con idéntico resultado: victoria indiscutible.
Pero aquel incidente infantil fue seguramente la pelea más importante, ya que resultó en un cambio de instituto y la determinación de Esparza de dedicarse al boxeo.