La selección española regresó con la copa de campeón de la Eurocopa 08 en un vuelo de Innsbruck a Madrid, marcado por los últimos treinta minutos de cánticos de los jugadores, en los que pidieron la continuidad del seleccionador Luis Aragonés al ritmo de "nosotros no volvemos si el míster no está aquí".
Las caras de cansancio entre todos los internacionales fueron la nota dominante a su llegada al aeropuerto de Innsbruck, tras una noche de celebración por la victoria en la final de la Eurocopa ante Alemania.
Tras el recibimiento de las autoridades locales y la calurosa despedida del pueblo austríaco, con unos 500 seguidores con banderas de España, el avión partió hacia España a las 17.15 hora local (15.15 gmt).
En un Boing 757, en el que se había inscrito "Campeones" junto a la camiseta de la selección española, tomó la palabra el comandante, curiosamente el hijo de Milagros Díaz, que en la ida se asoció al milagro que debía ocurrir para que España fuese campeona, y tras recordar la anécdota felicitó a jugadores, trabajadores de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) y con especial cariño a Luis Aragonés.
La anécdota del vuelo llegó con las azafatas. A la hora de dar las instrucciones de emergencia lo hicieron bailando, al ritmo de "La Macarena".
Ante Ángel María Villar, presidente de la RFEF, y Fernando Hierro, director deportivo de la RFEF, los jugadores al unísono pidieron la continuidad del entrenador Luis Aragonés: "Míster, quédate" y "Luis renovación", cantaban.
Iker Casillas, capitán de la selección española, fue el encargado de levantar ante los miles de aficionados que llenaban la plaza de Colón, la Copa que acredita al combinado nacional como campeones de la Eurocopa, un acto con el que se alcanzó el clímax de la jornada de fiesta que se vive en la capital de España.
Arropado por todos sus compañeros y del entrenador, Luis Aragonés, el que ha sido nombrado mejor portero del campeonato, recibió el mayor homenaje de la tarde cuando levantó la copa que España no conseguía desde 1964, cuando ganó en la final a Rusia gracias a un gol de Marcelino.
La Plaza de Colón se tiñó de rojo para disfrutar de la fiesta con los protagonistas del mayor éxito del fútbol español desde hacía cuarenta y cuatro años. Los cánticos y abrazos entre los futbolistas fueron permanentes. La euforia no se desligó un sólo momento de los componentes del equipo nacional, que subrayaron la unión que han mantenido a lo largo de su estancia en Suiza y Austria.