Los viejos moldes de la Copa Ryder se rompieron cuando el campo gaditano de Valderrama fue designado sede para 1997.
La competición más atractiva del mundo, y que eleva las audiencias televisivas hasta las máximas cotas, jamás había salido de las Islas Británicas en el turno europeo desde 1927.
Con la decisiva aportación de Severiano Ballesteros, España logró acoger por fin la Copa Ryder y este mismo jugador logró, al tiempo, ser el primer capitán del equipo europeo sin nacionalidad británica.
El escocés Samuel Ryder, comerciante de semillas y creador de esta prestigiosa prueba, se frotaría ahora los ojos al comprobar cómo la competición que él instituyó y que enfrentaba a jugadores estadounidenses y británicos pisaba suelo mediterráneo.
La rivalidad creció progresivamente, tan sólo quebrada por la pausa obligada que supuso la II Guerra Mundial (1939-45).
Hasta esa fecha Estados Unidos logró tres triunfos más, por uno sólo de los británicos, en 1933.
En 1947 se reanudó el torneo en Portland (Oregon). La victoria de Estados Unidos fue contundente (11-1). después por el receso que supusieron las secuelas del 11-S en 2001, ganó la Copa en un espectacular final en los partidos de individuales, en donde los europeos con menor empaque resultaron fundamentales.
Sergio García formó parte decisiva de aquel equipo, pero el irlandés Paul McGinley tuvo el honor de embocar un último "putt" de cuatro metros definitivo.
Desde el equipo europeo se pide una Ryder tranquila.
Lo únicamente asegurado en Detroit es que habrá emoción hasta el final.
Se juega cada dos años, un equipo europeo contra otro estadounidense, ambos formados por 12 jugadores.
El "match play" (juego por hoyos) suple al más habitual "stroke play".
El "match play" no tiene en cuenta el cómputo global de los golpes tras 18 hoyos.